En el corazón de Bogotá, el Museo Nacional de Colombia, uno de los más antiguos y visitados del continente, presenta hoy varias paredes vacías. Aproximadamente treinta piezas relacionadas con movimientos LGTB, derechos femeninos, víctimas de la violencia política y el Acuerdo de Paz fueron retiradas sin que la institución haya confirmado el número exacto ni los motivos oficiales. La medida coincidió con la visita del presidente Abelardo de la Espriella al Ministerio de Cultura, donde declaró que el sector será el epicentro de una “contrarrevolución cultural” y ordenó a la ministra Paola Holguín eliminar cualquier referencia a “terroristas” como Carlos Pizarro Leongómez de los espacios públicos.
Los objetos retirados incluyen una bandera del orgullo gay que perteneció a la activista Elizabeth Castillo, una pieza publicitaria de una marcha LGTB de 2006, una fotografía de Humberto Rincón Perfetti en una manifestación del mismo colectivo y un impreso de la fundación Sí Mujer sobre derechos reproductivos. También desaparecieron afiches de campañas presidenciales de Bernardo Jaramillo Ossa y de Carlos Pizarro, así como materiales vinculados al Acuerdo de Paz de 2016 y la mayoría de las fotografías del llamado “muro de la diversidad” que buscaba reinterpretar la pluralidad cultural del país.
La ministra de Cultura no desmintió la información y afirmó que el museo no debe servir como “instrumento de adoctrinamiento político”. Holguín explicó que la museología será reevaluada para enfocarse en la preservación y difusión del patrimonio histórico sin sesgos ideológicos. Esta postura refuerza la agenda del presidente, quien en sus últimos discursos ha atacado el “wokismo” acusándolo de distorsionar la historia y de socavar los valores tradicionales y religiosos que, según él, deben guiar la política nacional.
Expertos como Yann Basset de la Universidad del Rosario señalan que, aunque la batalla cultural no fue un tema central durante la campaña electoral, el gobierno la está impulsando como parte de una estrategia conservadora que recuerda la retórica de Donald Trump en EE. UU. La medida ha generado reacciones encontradas: mientras sectores conservadores y evangélicos aplauden la retirada, colectivos feministas, LGTB y políticos de oposición la denuncian como un atentado contra la memoria y la diversidad histórica del país.
La polémica también plantea la posibilidad de que otras instituciones, como la Biblioteca Nacional, enfrenten acciones similares que limiten la expresión artística a lo que el gobierno considere “aprobado”. La Fundación Pares de Colombia advierte que podrían iniciarse demandas legales por la supresión de partes de la historia oficial, lo que abriría un nuevo frente judicial en la disputa cultural.
El Museo Nacional, fundado en 1823 y con más de 2,000 obras, se define como un espacio para la construcción de memorias compartidas y la promoción de relatos diversos. La reciente censura ha puesto en evidencia la tensión entre la preservación del patrimonio y la agenda política actual, dejando a la ciudadanía y a la comunidad internacional observando cómo evoluciona esta “batalla cultural” en Colombia.
Fuente: Bbc