El presidente de Chile, José Antonio Kast, llegó al poder en marzo con la mayor votación desde el retorno a la democracia en 1990, pero en menos de un año su aprobación ha caído a niveles históricos. Según la encuesta Criteria, su índice de aprobación ronda el 27 % mientras que la desaprobación supera el 64 %. Un 82 % de los encuestados considera que el gobierno está por debajo de las expectativas, una situación que académicos describen como “anómala” en la política chilena.
Expertos de la Universidad de Santiago de Chile y la Universidad de Chile señalan que la falta de experiencia política de Kast y la ausencia de una coalición gobernante son factores clave. El presidente optó por no formar alianzas con partidos tradicionales, lo que dificulta la aprobación de leyes en un Congreso fragmentado. En Chile, los gobiernos que logran resultados positivos suelen depender de coaliciones que faciliten acuerdos parlamentarios, algo que Kast no ha conseguido hasta ahora.
El gabinete también ha sido objeto de críticas. Varios ministros son percibidos como inexpertos y han tomado decisiones polémicas, como recortes a programas sociales y la falta de un plan claro en el Ministerio de Seguridad. Estas decisiones han generado la percepción de improvisación y desconfianza entre la ciudadanía, según la académica Claudia Heiss. Además, la percepción de inseguridad ha aumentado: el 53 % de los encuestados cree que la delincuencia ha crecido en los últimos seis meses, frente al 40 % en agosto.
En materia económica, el plan de reactivación basado en ahorro fiscal e inversión privada no ha convencido. Recortes en salud, educación, ciencia y subsidios, sumados al alza de los precios de la gasolina, han alimentado la sensación de que el ajuste fiscal afecta directamente a la población. La población reporta mayor desempleo y salarios estancados, lo que refuerza la impopularidad del gobierno.
A diferencia de otros líderes de extrema derecha en América Latina, Kast no posee el carisma movilizador de figuras como Bukele o Milei. Sus promesas de “mano dura” y reactivación rápida no se han materializado, y la falta de resultados a corto plazo ha erosionado su legitimidad. La reciente medida de rebajas en una carretera concesionada ha sido vista como una maniobra insuficiente para calmar el malestar.
Con una jornada de marcha nacional programada para el 18 de octubre, los analistas advierten que el gobierno de Kast podría enfrentar nuevas protestas si no amplía el diálogo y logra acuerdos con la derecha tradicional. La combinación de baja aprobación, desafíos legislativos y una economía estancada coloca al presidente en una posición vulnerable de cara a su segundo año de mandato.
Fuente: Dw