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Ferrari Testarossa recibe motor rotativo Wankel de Mazda: 800 CV en Tokio

por editor
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En el Salón del Automóvil de Tokio 2022 se presentó una de las conversiones más extravagantes del mundo del tuning: un Ferrari Testarossa al que se le sustituyó el legendario V12 por un motor rotativo Wankel de cuatro rotores con doble turbocompresor. La obra, firmada por el renombrado preparador japonés Isami Amemiya, combina la elegancia italiana con la tecnología de Mazda, logrando alrededor de 800 caballos de fuerza.

El motor rotativo, a diferencia de los pistones tradicionales, emplea una cámara triangular que gira dentro de un cilindro alargado. En el espacio que queda libre se suceden los procesos de admisión, compresión, combustión y escape. Esta arquitectura permite obtener gran potencia en un volumen muy reducido y con un funcionamiento extremadamente suave, características que han sido explotadas por Mazda en modelos como el RX‑7, el RX‑8 y el prototipo eléctrico MX‑30 REV.

Sin embargo, la tecnología Wankel también presenta desafíos: consume más aceite que un motor convencional y requiere un mantenimiento meticuloso. Su alta capacidad de revoluciones por minuto le otorga un sonido característico, pero también implica una mayor exigencia en la lubricación y el control de temperaturas. El éxito más emblemático de esta arquitectura fue el Mazda 787B, que ganó las 24 Horas de Le Mans en 1991 con un motor rotativo de cuatro rotores.

Amemiya tomó la base del 787B y la adaptó al chasis del Testarossa, añadiendo dos turbocompresores que impulsan la potencia hasta los 800 CV. Además del motor, el proyecto incluyó una transformación estética radical: casi toda la carrocería fue rediseñada, conservando únicamente puertas, techo e interior original. El resultado es un coche que parece una fusión entre la musculatura italiana y la futurista estética japonesa.

Esta creación no solo destaca por su audacia técnica, sino también por lo que simboliza en la cultura del tuning. Japón, reconocido por su pasión por las modificaciones y la alta calidad de sus talleres, ha visto surgir firmas como Liberty Walk y preparadores como Amemiya, cuyas obras aparecen incluso en videojuegos como Gran Turismo. El Ferrari rotativo se suma a esa lista como uno de los ejemplos más extremos y llamativos.

Aunque la viabilidad de una producción en serie es prácticamente nula, la pieza sirve como vitrina de innovación y creatividad. Demuestra que, aun en la era de la electrificación, los entusiastas siguen explorando soluciones mecánicas para obtener potencia y singularidad. El Ferrari Testarossa con motor Wankel seguirá circulando como una pieza de museo viva, inspirando a futuros proyectos de alta performance.

En conclusión, la intervención de Amemiya rompe esquemas al mezclar dos íconos automotrices de continentes distintos, ofreciendo una visión provocadora de lo que podría ser el futuro del tuning cuando la imaginación supera los límites tradicionales.

Fuente: xataka

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