La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó este jueves que el actual fenómeno de El Niño se está fortaleciendo a un ritmo acelerado y mantendrá su máxima intensidad en diciembre. Según los datos recopilados por centros meteorológicos de todo el mundo, la probabilidad de que el evento persista hasta febrero de 2027 roza el 100 %. La alerta no implica calor extremo constante en todas las regiones, pero sí señala una mayor probabilidad de episodios de altas temperaturas y sus efectos colaterales.
Las proyecciones indican que la temperatura de la superficie del Pacífico tropical central y oriental podría subir entre octubre y diciembre hasta +3,7 °C, superando el récord anterior de +2,6 °C registrado en 2015‑2016. Ya en junio se registró una anomalía de +1,6 °C y en agosto alcanzó +2,5 °C, lo que evidencia la rapidez con que el fenómeno se intensifica. Estos valores representan niveles sin precedentes desde que existen observaciones sistemáticas, lo que genera preocupación entre científicos y autoridades.
El patrón de lluvias también cambiará drásticamente. La OMM prevé precipitaciones superiores a la media en el Pacífico ecuatorial central y oriental, el Cuerno de África, partes de Asia Central y Oriental, el norte de la península arábiga, algunas zonas de Norteamérica y el sureste de Sudamérica. Por el contrario, se esperan déficits de lluvia en el Pacífico occidental, el Atlántico ecuatorial, el subcontinente indio, el sur de Centroamérica, partes del Caribe y el noroeste de Sudamérica, así como en el Pacífico sur hasta la zona meridional de Chile y Argentina.
Estas variaciones climáticas aumentan el riesgo de sequías prolongadas en áreas ya vulnerables y de inundaciones repentinas donde las lluvias se concentren. Países como Perú, Ecuador y México podrían enfrentar desafíos en la gestión del agua, mientras que regiones agrícolas de África y Asia podrían sufrir pérdidas de cosechas. Los gobiernos están llamados a activar planes de contingencia y a reforzar infraestructuras de mitigación.
La OMM subraya que sus pronósticos describen tendencias estacionales y probabilidades, no sustituyen los avisos locales. Sin embargo, la información anticipada busca que sectores como agricultura, energía y salud pública se preparen para enfrentar temperaturas extremas, escasez hídrica e inundaciones. La cooperación internacional será clave para compartir recursos y estrategias de adaptación.
En resumen, el próximo semestre será decisivo para observar cómo El Niño impacta al planeta. La comunidad científica seguirá monitoreando el fenómeno y ajustando sus modelos, mientras que la población debe estar atenta a las recomendaciones de los servicios meteorológicos nacionales para minimizar los efectos adversos.
Fuente: Dw