En Barcelona, los desfiles de la Mercè mostraron dragones rojos y acróbatas chinos, una muestra simbólica del creciente acercamiento entre España y China. El vicealcalde de Shanghái, Lu Shan, participó en la inauguración, señalando que, aunque sus tradiciones difieren, comparten un “espíritu común”. Este gesto cultural refleja la profunda relación económica que Madrid ha cultivado con Pekín en los últimos años, pero también ha encendido alarmas entre varios socios de la Unión Europea.
El presidente Pedro Sánchez ha visitado a Xi Jinping en cuatro ocasiones y ha impulsado la agenda de inversión china en territorio español. Según datos del ICEX, la inversión de China en España se ha duplicado en el último año, enfocándose en gigafábricas de baterías y plantas automotrices. Proyectos como la fábrica de Chery en Barcelona o la gigafábrica de CATL en Zaragoza prometen cientos de empleos, pero también generan temores de que la producción local eluda los aranceles europeos.
Mientras tanto, Alemania y Francia lideran una postura más firme contra Pekín, proponiendo excluir del mercado europeo a empresas chinas subsidiadas. La Comisión Europea estima que el desequilibrio comercial con China supera los mil millones de euros diarios. Además, la estrecha relación entre China y Rusia alimenta sospechas de que Pekín podría estar apoyando indirectamente la guerra en Ucrania, pese a sus negaciones oficiales.
Los críticos españoles acusan a Madrid de priorizar intereses nacionales sobre la cohesión del bloque. El abogado Víctor Cortizo, especialista en relaciones sino‑españolas, argumenta que la “realpolitik” de Sánchez busca atraer inversión para revitalizar la economía, aunque ello implique distanciarse de aliados tradicionales. Encuestas del Pew Research Center revelan que el 54 % de los españoles tiene una visión favorable de China, frente al 30 % que favorece a EE. UU., reflejando un cambio de percepción impulsado por la política comercial de Trump y la incertidumbre geopolítica.
Sin embargo, la cuestión de la seguridad sigue latente. Un contrato de 12,3 millones de euros adjudicado a Huawei para gestionar datos judiciales generó polémica en el Parlamento Europeo, con eurodiputados advirtiendo sobre riesgos de espionaje. La exembajadora estadounidense ante la OTAN, Julianne Smith, señaló que estas decisiones podrían debilitar la capacidad de la UE para actuar con una sola voz frente a amenazas externas.
En el contexto más amplio, otros países de la UE, como Finlandia y Grecia, también buscan alianzas fuera del marco tradicional con EE. UU., reforzando la percepción de una Europa fragmentada. La pregunta que queda es si la apuesta de España por China consolidará su crecimiento económico o provocará una fisura irreversible en la unidad política y de seguridad del bloque.
Fuente: Bbc