La inteligencia artificial generativa ha generado un entusiasmo sin precedentes en los últimos años, con promesas de aumentar la productividad en más del 50% y elevar el PIB mundial en una década. Sin embargo, los datos macroeconómicos actuales no muestran la revolución esperada. La OCDE indica que, a pesar de los miles de millones invertidos, los indicadores de producción de las economías occidentales siguen sin presentar saltos cualitativos y la tasa de crecimiento global se modera en la primera mitad de 2026, influida también por la guerra en Oriente Medio, el encarecimiento de la energía y la incertidumbre arancelaria.
En el contexto global, la organización prevé un crecimiento del PIB mundial del 2,9% para este año y del 3% para 2026. Los analistas reconocen que la IA y la caída de los costos energéticos podrían aportar impulso, pero señalan que la inflación y el aumento de los tipos de interés siguen contrarrestando cualquier beneficio. En Estados Unidos, el Wall Street Journal asegura que la IA es la mayor apuesta económica de la historia del país, con gastos en centros de datos que superan a los de ferrocarriles y redes eléctricas. Aun así, la OCDE proyecta un crecimiento del PIB estadounidense del 2,2% en 2024 y del 2,1% en 2027, cifras apenas superiores a la media de la zona euro.
Los indicadores de productividad laboral tampoco reflejan una transformación abrupta. En el segundo trimestre de 2026, la productividad total de los factores en EE. UU. subió solo un 1,4% interanual, y el crecimiento anual ajustado por utilización fue de apenas 0,07% en los cuatro trimestres que terminaron en el primer trimestre de 2026. Barclays y la Reserva Federal de San Luis han advertido que la adopción de IA sigue siendo gradual y que sus efectos aún no se traducen en datos agregados visibles.
Los estudios de la OCDE sugieren que la IA generativa podría elevar la productividad en un 30% en promedio, y hasta un 50% en tareas específicas, pero la evidencia empírica todavía no confirma esas proyecciones. Historias similares ocurrieron con la web 2.0 y la informática de los años 90, tecnologías que tardaron años en reflejarse en los indicadores de productividad.
Expertos del Foro Económico Mundial afirman que el 97% de los encuestados espera que la adopción de IA continúe creciendo y genere importantes ganancias de productividad, aunque el 79% alerta sobre la oposición a los centros de datos y el 61% duda que la IA genere empleo significativo. Estas percepciones muestran un futuro prometedor pero también incertidumbres que podrían frenar el consumo y la inversión.
En conclusión, la IA sigue siendo una herramienta con gran potencial, pero su impacto macroeconómico aún no se traduce en un salto del PIB ni en una mejora sustancial de la productividad. El tiempo será necesario para que las empresas adapten procesos, formen talento y superen cuellos de botella antes de que los datos reflejen la revolución anunciada.
Fuente: Xataka