En 1990, cuando Bill Gates ya figuraba entre los hombres más ricos del planeta, adquirió un terreno de dos millones de dólares en Medina, Washington, con la intención de erigir una residencia digna de su estatus. El proyecto, que más tarde se conocería como Xanadu 2.0, debía construirse con troncos de los bosques centenarios de la zona, bajo el diseño de los arquitectos James Cutler y Peter Bohlin, ganadores de un concurso internacional de arquitectura.
Sin embargo, el 23 de junio de 1990 el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU. incluyó al búho moteado del norte en la lista de especies amenazadas. La medida, producto de años de litigios impulsados por grupos ecologistas, prohibió la tala de árboles en cualquier área que sirviera de hábitat a la ave, sin importar quién fuera el propietario del terreno. La noticia paralizó el plan original de Gates, que necesitaba cientos de robles centenarios para la estructura.
James Cutler, además de arquitecto, era un ecologista convencido. Ante la prohibición, se negó rotundamente a talar los árboles, declarando que no derribaría ni un solo roble. Su postura obligó a buscar una alternativa que respetara la protección del búho y, al mismo tiempo, permitiera avanzar con la construcción de la mansión.
La solución llegó por casualidad cuando Cutler conoció a Max Talbert, comerciante de madera reciclada de Duluth. Talbert propuso utilizar madera recuperada de viejos cobertizos de la Long‑Bell Lumber Company, que había sido demolida en 1996. Con esa propuesta, la casa se levantaría sin sacrificar un solo árbol, y Gates aceptó invertir en GR Plume & Company, una empresa dedicada al reciclaje de madera pesada.
El resultado fue la primera fábrica del mundo especializada en reutilizar madera de gran calibre. Las vigas que sostienen hoy Xanadu 2.0 provienen de los cobertizos demolidos, algunas de más de 23 metros de longitud y con un volumen total de 1 179,87 metros cúbicos. La mansión, cuyo costo inicial fue de 63 millones de dólares, alcanzó una tasación de 132 millones en 2025 y sigue siendo la residencia principal de Gates.
Para el búho moteado del norte, sin embargo, la historia tiene un final menos optimista. Un estudio de la Universidad Estatal de Oregón publicado en 2026 concluye que la especie está funcionalmente extinta en gran parte de Washington y la costa de Oregón. Así, un pequeño ave logró modificar sustancialmente el proyecto del hombre más rico del mundo, pero ahora lucha por su propia supervivencia.
Fuente: xataka