Inicio CienciaCerdos de la Isla Auckland: de alimento para náufragos a recurso biomédico

Cerdos de la Isla Auckland: de alimento para náufragos a recurso biomédico

por editor
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En 1807 el capitán británico Abraham Bristow dejó varios cerdos en la remota Isla Auckland, al sur de Nueva Zelanda, con la intención de crear una “despensa” para futuros náufragos. La medida resultó útil cuando, tras el naufragio del General Grant en 1866, los supervivientes sobrevivieron durante 18 meses gracias, en parte, a esos animales.\n\nCon el paso de los años, la población porcina se amplió mediante nuevas introducciones en 1842 y en la década de 1890. Sin establos, alimento proporcionado por humanos ni depredadores naturales, los cerdos tuvieron que adaptarse a un entorno hostil: frío, vientos intensos, escasez de vegetación y escasa disponibilidad de carne.

Esta presión selectiva los transformó en ejemplares pequeños, atléticos y de pelaje denso, muy diferentes de los cerdos de granja convencionales.\n\nSin embargo, su éxito como supervivientes tuvo un costo ecológico. Los cerdos revolvían el suelo, devoraban raíces e invertebrados y atacaban nidos de aves marinas, obligando a varias especies a buscar zonas de cría inaccesibles. Por ello, el gobierno neozelandés los catalogó, junto a cabras y conejos, como especies invasoras que amenazan la restauración del archipiélago.\n\nEn 1999, la Rare Breeds Conservation Society organizó una expedición para rescatar ejemplares antes de su erradicación.

Con la ayuda de perros de rastreo, lograron capturar 17 cerdos, entre ellos varias hembras preñadas, y los trasladaron a cuarentena en Invercargill. Estos animales representan una línea genética aislada durante casi dos siglos, libre de muchos patógenos que afectan a los cerdos comerciales.\n\nEse aislamiento los hizo atractivos para la investigación biomédica, especialmente en el campo de la xenotrasplantación. Las células pancreáticas de los cerdos de Auckland, que producen insulina, fueron usadas en ensayos clínicos con 14 pacientes diabéticos tipo 1.

Tras evaluar 26 microorganismos, no se detectó transmisión de virus porcinos a los receptores durante al menos un año, lo que sugiere un perfil sanitario excepcional.\n\nA pesar de su valor científico, los cerdos siguen siendo una amenaza para el frágil ecosistema de las islas. La estrategia oficial es erradicarlos del hábitat natural, mientras se mantiene una población protegida fuera de él para conservar su patrimonio genético y su potencial médico. Así, una decisión tomada hace más de dos siglos para alimentar a náufragos ha dado paso, 192 años después, a una paradoja: los mismos cerdos que una vez salvaron vidas ahora pueden ayudar a tratar enfermedades humanas, siempre que se mantengan alejados de su entorno original.\n\nLa historia de los cerdos de Auckland muestra cómo intervenciones humanas pueden generar consecuencias inesperadas, convirtiendo a una especie invasora en un recurso científico valioso, siempre bajo la vigilancia de conservacionistas y médicos que buscan equilibrar la preservación ecológica con los avances en salud.

Fuente: xataka

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