El 11 de septiembre de 2001, el mundo fue testigo de una tragedia sin precedentes cuando dos aviones impactaron las Torres Gemelas de Nueva York. Entre el caos, el fuego y el humo, decenas de personas en los pisos superiores tomaron una decisión imposible: saltar al vacío. Una de esas imágenes, capturada por el fotógrafo de Associated Press Richard Drew, mostró a un hombre cayendo boca abajo, alineado con las líneas de la torre. Esa foto, conocida como “The Falling Man”, se convirtió en un símbolo doloroso y controvertido de la catástrofe.
Drew, veterano de la fotografía desde los 19 años, había cubierto el US Open y la Semana de la Moda en Manhattan cuando recibió la noticia del ataque. Tras una llamada urgente de su editor, tomó el metro hacia el World Trade Center y, al salir, encontró las torres envueltas en llamas. Junto a ambulancias y agentes del FBI, observó a un socorrista gritar que la gente se estaba tirando del edificio. Fue entonces cuando apuntó su cámara y comenzó a disparar sin pausa, sin saber cuántas personas caían.
El fotógrafo describió el momento como una mezcla de horror y automatismo profesional. “No soy frío, simplemente hago mi trabajo”, afirmó. A las 9:41 a.m., capturó la instantánea que más tarde definiría la tragedia: el hombre, con el cuerpo paralelo a la torre, parecía una silueta contra el fuego. La simetría de la foto, aunque efímera, la hizo impactante y la llevó a los periódicos de todo el mundo al día siguiente.
Las autoridades forenses de Nueva York determinaron que quienes saltaron no fueron suicidas, sino víctimas expulsadas por el humo y el fuego. Los certificados de defunción registraron la causa como “asesinato”. Estimaciones varían: USA Today calculó 200 muertos por salto, mientras que The New York Times habló de 50. Los testimonios indican que esos saltos pudieron haber impulsado a otros a evacuar rápidamente, salvando vidas.
Años después, la identidad del “hombre que cayó” sigue sin resolverse. Investigaciones periodísticas sugirieron nombres como Norberto Hernández y Jonathan Briley, ambos empleados del restaurante Windows on the World, pero la falta de pruebas concluyentes mantiene el misterio. El propio Drew admite que nunca supo quién era, solo que era una de las casi 3 000 víctimas.
Hoy, en el Memorial del 11‑S, una sala proyecta la foto entre otras imágenes de caídas, recordando la terrible estética de ese salto a la muerte. Drew continúa trabajando para AP, mientras la foto sigue generando debate sobre la ética de mostrar el sufrimiento humano y la necesidad de recordar los horrores del 11‑S para que no se repitan.
Fuente: Bbc