Islandia votó este sábado 29 de agosto contra la reanudación de las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, según informó la emisora pública RUV. El referéndum, que preguntó “¿Debería Islandia reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea?”, se resolvió con un 52,8 % de los 225.031 votos emitidos diciendo “No” y un 47,2 % a favor. La diferencia entre ambas opciones fue de apenas 12.600 votos, lo que evidencia una profunda división en la sociedad islandesa.
El gobierno de centro‑izquierda liderado por la primera ministra Kristrún Frostadóttir había prometido realizar la consulta antes de 2027, pero la convocatoria se adelantó por la creciente tensión internacional, incluida la retórica del expresidente estadounidense Donald Trump sobre la soberanía de Groenlandia. Los defensores de retomar el proceso argumentan que la membresía en la UE reforzaría la posición del país frente a la incertidumbre geopolítica y le permitiría acceder a mayores beneficios económicos, ya que Islandia ya forma parte del mercado único y del espacio Schengen.
Los opositores, sin embargo, temen por la industria pesquera, que representa casi el 40 % de las exportaciones islandesas. La política pesquera común de la UE podría obligar al país a ceder parte del control sobre sus caladeros, un punto que ha sido el mayor obstáculo desde que Islandia solicitó la adhesión en 2009, tras la crisis financiera de 2008. La campaña electoral avivó el debate sobre el futuro del país, con la primera ministra Frostadóttir declarando que, independientemente del resultado, su gobierno continuará trabajando.
De haber ganado el “Sí”, el país no habría ingresado de inmediato a la UE; el voto habría sido solo el primer paso hacia un acuerdo que requeriría la ratificación en un segundo referéndum. Con el “No” prevaleciendo, la puerta no se cierra definitivamente: la posibilidad de retomar conversaciones en el futuro sigue abierta, aunque el clima político actual se muestra escéptico.
Más allá de lo económico, la seguridad también influyó en la decisión. Islandia, miembro fundador de la OTAN, no cuenta con ejército propio y depende de sus aliados para la defensa. El país ha apoyado a Ucrania en la guerra contra Rusia y está alerta ante las crecientes maniobras marítimas rusas en sus aguas, lo que añade una capa de complejidad a cualquier alineamiento europeo.
En conclusión, el estrecho rechazo refleja una nación dividida entre la protección de sus recursos tradicionales y la búsqueda de mayor integración internacional. El resultado mantiene a Islandia en una posición de observador dentro del bloque europeo, mientras sigue evaluando sus prioridades estratégicas y económicas a medio plazo.
Fuente: Bbc