A 55 km de la costa marroquí y a 85 km de Almería, la diminuta isla de Alborán, de apenas 660 metros de roca volcánica, se ha convertido en un punto neurálgico de la soberanía española en el norte de África. A pesar de su escasa dimensión, la isla alberga un faro solar, un pequeño cementerio de tres tumbas y una guarnición de 11 militares de la Armada que rotan cada cuatro semanas. Su valor estratégico radica en la ubicación del estrecho de Gibraltar, una ruta crucial para el tráfico marítimo y la vigilancia de migrantes que intentan cruzar el Mediterráneo.
El origen de la presencia española se remonta al siglo XVI, cuando el corsario tunecino Al‑Borany utilizaba el islote como refugio. En 1540, diez galeras comandadas por Bernardino de Mendoza derrotaron a una flota berberisca, asegurando la soberanía española que se ha mantenido hasta hoy. Desde entonces, Alborán ha vivido periodos de abandono, como durante la Guerra Fría, cuando pescadores soviéticos intentaron establecer una base sin éxito, y momentos de ocupación permanente, iniciada en 1997, cuando la Armada instaló una guarnición permanente para vigilar el tráfico y colaborar con la Guardia Civil en rescates.
La isla también es un enclave ecológico de gran relevancia. Forma parte de una reserva marina que alberga delfines mulares, coral rojo y casi 1,800 especies catalogadas, incluidas trece recién descritas por la ciencia. En tierra, destaca la presencia de un caracol terrestre único, Helix alboranensis, que no se encuentra en ningún otro lugar del planeta, junto a endemismos como nematodos y la casi extinta manzanilla gorda de Alborán.
Marruecos reclama Alborán como parte de las plazas de soberanía que incluye Ceuta y Melilla, una disputa que se reavivó tras la descolonización del Sáhara Occidental en 1975. El incidente más cercano a un conflicto armado ocurrió en 2002, cuando Marruecos ocupó el islote de Perejil, provocando una respuesta militar española. Aunque Alborán no fue directamente involucrada, la proximidad del territorio mantiene la tensión latente.
En los últimos años, la isla ha sido escenario de crisis humanitarias. En febrero de 2024, una tormenta dejó varados 194 migrantes durante seis días, y en 2024‑2025 llegaron más de 500 personas en narcolanchas, obligando a los soldados a actuar como primeros auxilios y alojar temporalmente a los recién arribados.
Para reforzar la defensa, la ministra de Defensa Margarita Robles visitó Alborán en 2025 y entregó el buque Arbormé, equipado con radar, sensores electroópticos y telémetro láser. La inversión de 6.5 millones de euros busca modernizar la vigilancia y evitar que la isla vuelva a ser un punto de fricción entre España y Marruecos, garantizando la seguridad marítima y la preservación del frágil ecosistema que allí se desarrolla.
Fuente: xataka