Canadá ha anunciado una serie de aranceles a productos estadounidenses que superan los 20.000 millones de dólares, una medida que busca equilibrar la disputa comercial iniciada por la administración Trump. El gobierno de Ottawa, bajo la dirección del primer ministro Mark Carney, prometió aplicar “dólar por dólar” a los impuestos que su vecino del sur imponga, y este martes reveló gravámenes que van del 15% al 50% sobre acero, lácteos y electrodomésticos. La medida llega en un contexto donde cerca del 70% de las exportaciones canadienses dependen de EE. UU., lo que convierte a la balanza comercial en un campo de presión mutua.
El alcance de los aranceles canadiense afecta a 26 estados estadounidenses, entre ellos Maine, Michigan y Wisconsin, y se extiende a 45 de los 50 estados, consolidando a Canadá como un actor clave en la economía norteamericana. Además, el país posee ventajas estratégicas en energía y minerales críticos: suministra la mayor parte del gas natural y electricidad que EE. UU. importa, así como alrededor del 60% del petróleo crudo. Aunque estas áreas no forman parte de los aranceles anunciados, funcionarios canadienses no descartan utilizarlas como palanca en futuras negociaciones.
El gobernador de Ontario, Doug Ford, uno de los críticos más duros de Trump, ha sugerido la posibilidad de imponer un recargo del 25% a la electricidad exportada a EE. UU., lo que impactaría a 1,5 millones de hogares y empresas en Michigan, Minnesota y Nueva York. Asimismo, ha amenazado con bloquear la exportación de minerales como litio, níquel y grafito, recursos esenciales para la industria tecnológica estadounidense.
Canadá ya ha demostrado su capacidad para dañar sectores estadounidenses. La prohibición provincial de vender alcohol americano provocó una caída del 78% en las exportaciones de vino y más del 70% en licores, generando pérdidas de cientos de millones de dólares. El boicot turístico también ha cobrado factura: en abril de 2024, los canadienses realizaron 800.000 viajes menos a EE. UU., lo que supuso una pérdida estimada de 2.350 millones de dólares para la economía del vecino del norte.
A pesar del riesgo de que los aranceles reduzcan el PIB canadiense entre un 0,3% y 0,6% a corto plazo, el 76% de la población apoya la postura firme de Ottawa. La presión política se intensifica con las elecciones legislativas estadounidenses de mitad de mandato, donde estados fronterizos como Michigan y Maine son escenarios clave. Los analistas advierten que los aranceles podrían costar a los hogares estadounidenses alrededor de 1.100 dólares anuales, alimentando el descontento interno contra la política de Trump.
En resumen, Canadá dispone de múltiples herramientas –desde energía y minerales hasta medidas de consumo– para ejercer presión sobre EE. UU. La respuesta de Washington será determinante para la evolución de la guerra comercial y sus repercusiones en ambas economías.
Fuente: Bbc