La comunidad de El Tejar, ubicada al sur de Xalapa, se ha convertido en el referente obligado para los amantes de la botánica urbana. Cada año los viveros locales producen cerca de un millón de ejemplares, abarcando desde suculentas de bajo mantenimiento hasta especies exóticas que antes solo se veían en colecciones especializadas. Este auge se debe a una combinación de factores: la tradición agrícola de la zona, el apoyo de autoridades municipales y la creciente cultura del “plant parenting” entre los jóvenes. Además, los precios accesibles, que inician en apenas diez pesos, atraen a compradores de todos los estratos socio‑económicos.
Los viveros de El Tejar se distinguen por su variedad y calidad. Entre los más populares están las echeverias, aloe vera y haworthia, que se venden en macetas de diferentes tamaños para adaptarse a hogares, oficinas y terrazas. Pero la oferta no se limita a suculentas; también se encuentran orquídeas, bromelias y plantas tropicales como el filodendro y el monstera deliciosa. Los comerciantes locales garantizan que cada planta sea entregada con su sustrato y guía de cuidados, lo que reduce la mortalidad y fomenta la fidelidad del cliente. Esta estrategia ha impulsado la reputación del lugar como “la tienda de plantas a la mexicana”.
El crecimiento de la actividad viverista ha generado un impacto económico significativo en la región. Según datos del ayuntamiento, el sector genera aproximadamente 12 millones de pesos anuales en ingresos directos, y crea empleos tanto en la producción como en la venta y logística. Pequeños emprendedores han surgido ofreciendo servicios de diseño de jardines y asesoría en mantenimiento, ampliando la cadena de valor. La municipalidad ha aprovechado este dinamismo para promover programas de capacitación en horticultura sostenible, beneficiando a más de 200 habitantes.
Sin embargo, el éxito también plantea retos. La demanda creciente ha llevado a una mayor presión sobre los recursos hídricos y a la necesidad de prácticas de riego más eficientes. Ante esto, varios viveros han adoptado sistemas de captación de agua de lluvia y el uso de sustratos orgánicos que reducen el consumo. Las autoridades locales, por su parte, están impulsando normas que obliguen a los productores a cumplir con criterios de sustentabilidad, garantizando que el desarrollo sea respetuoso con el medio ambiente.
Los visitantes de El Tejar no solo encuentran plantas, sino también una comunidad activa. Los fines de semana se organizan ferias y talleres gratuitos donde expertos comparten conocimientos sobre propagación, control de plagas y diseño de interiores verdes. Estas actividades fortalecen el sentido de pertenencia y convierten al lugar en un punto de encuentro cultural, donde la horticultura se vuelve una forma de expresión colectiva.
Con su oferta diversa, precios accesibles y un enfoque cada vez más sostenible, El Tejar se perfila como el motor verde de la zona. La combinación de tradición y modernidad ha logrado que una comunidad antes dedicada a la agricultura convencional se transforme en un polo de innovación botánica, atrayendo a coleccionistas, principiantes y turistas curiosos. El futuro parece prometedor, siempre que se mantenga el equilibrio entre crecimiento económico y cuidado ambiental.
Fuente: Diario de Xalapa