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30 años de cables submarinos: cómo se tejió Internet bajo el mar

por editor
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En 1999 sólo 87 cables submarinos cruzaban los océanos, sumando 67.442 km de fibra. Tres décadas después esa red se ha multiplicado casi diez veces, alcanzando cerca de 700 enlaces y más de 1,5 millones de kilómetros, según el mapa interactivo de TeleGeography. El proyecto “Mapped Earth” de Aaron J.

Becker condensó esa expansión en un video de 20 segundos que muestra, paso a paso, cómo la columna vertebral de la red global ha crecido hasta 2029.\n\nLos cables submarinos transportan alrededor del 99 % del tráfico internacional de datos, desde videollamadas y streaming hasta transacciones bancarias. Aunque están instalados en el lecho marino, su vulnerabilidad es real: el Comité Internacional para la Protección de Cables registra entre 150 y 200 fallos al año, la mayoría por actividades humanas como la pesca de arrastre y el anclaje de barcos. Estas interrupciones, aunque frecuentes, rara vez afectan la conectividad porque los operadores diversifican sus rutas y utilizan varios cables simultáneamente.\n\nEl mapa de TeleGeography muestra 694 cables en operación a comienzos de 2024, una cifra que supera por mucho los menos de 70 que existían a inicios del milenio.

El crecimiento se ha concentrado en tres fases: la explosión de los años 2000‑2005, cuando los enlaces transatlánticos y pacíficos se duplicaron; la consolidación africana entre 2008 y 2013, cerrando el anillo costero del continente; y la expansión del Pacífico de 2015 a 2020, que llevó la red a su punto de saturación antes de abrir nuevas rutas hacia el Ártico.\n\nEuropa se ha convertido en el gran hub de entrada: por el Atlántico conecta América del Norte, mientras que por el sur y este recibe cables de Asia y del Mediterráneo. Nodos como Marsella, Burdeos y el punto español de Sopela (Bizkaia) enlazan a capitales como Madrid, París, Londres y Frankfurt. Los cables más modernos, como el Dunant de Google y el Grace Hopper, utilizan hasta 16 pares de fibra, multiplicando la capacidad y reduciendo la latencia.\n\nA pesar del aumento de la infraestructura, la protección sigue siendo un desafío.

El Mar Rojo, por ejemplo, ha sido escenario de incidentes que obligaron a Europa a explorar rutas alternativas por el Ártico. La escasez de buques especializados y personal cualificado dificulta las reparaciones, lo que lleva a los operadores a invertir en tecnologías de monitoreo y a diseñar cables más resistentes.\n\nEl futuro apunta a seguir ampliando la malla submarina, con proyectos que contemplan nuevos tramos en el Ártico y en zonas poco servidas del Pacífico Sur. Sin embargo, la planificación depende de factores geopolíticos, ambientales y económicos, por lo que algunos de los cables proyectados para 2029 podrían no materializarse.

Lo que es seguro es que la red bajo el agua seguirá siendo el esqueleto invisible que sustenta la vida digital moderna.

Fuente: Xataka

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