Guadalupe Cordero, junto a su madre Claudia, fundó en 2015 el Dojo Kenkyo, un espacio que hoy acoge a más de ciento veinte estudiantes de todas las edades. El proyecto nació como respuesta a la falta de lugares donde el arte marcial se enseñara más allá de la técnica de combate, enfocándose en disciplina, respeto y autocontrol. Desde niños de siete años hasta adultos mayores, todos siguen un mismo programa que combina katas, kumite y ejercicios de meditación. La comunidad del centro valora el ambiente familiar que genera la dupla madre‑hija, quienes comparten su experiencia personal para motivar a los alumnos.
El dojo se ha convertido en un referente local gracias a los resultados obtenidos en torneos estatales y nacionales. En los últimos tres años, sus practicantes han sumado más de veinte medallas, pero los entrenadores insisten en que el verdadero premio es la transformación personal. “No entrenamos para pelear, entrenamos para vivir mejor”, afirma Claudia, quien destaca la importancia de la autodisciplina en la vida cotidiana. Los jóvenes que antes mostraban problemas de conducta ahora demuestran mayor responsabilidad en la escuela y en sus hogares.
Una de las metas del Dojo Kenkyo es formar a la siguiente generación de instructores. Cada año, los alumnos más avanzados participan en un programa de certificación que incluye teoría de la filosofía del karate, primeros auxilios y técnicas de enseñanza. Este proceso busca garantizar la continuidad del proyecto y evitar que el conocimiento se pierda con el tiempo. Además, el dojo colabora con escuelas públicas de Xalapa, ofreciendo talleres gratuitos que introducen a los niños al arte marcial.
El impacto social del centro trasciende el tatami. Familias enteras han reportado mejoras en la convivencia y reducción de conductas violentas. En un barrio antes marcado por la delincuencia, el dojo ha sido un punto de encuentro que brinda a los jóvenes una alternativa segura y constructiva. “El karate nos ha enseñado a controlar la ira y a canalizarla en energía positiva”, comenta uno de los padres de familia.
En cuanto a la infraestructura, el Dojo Kenkyo cuenta con un área de entrenamiento de 200 metros cuadrados, tatamis de alta calidad y un salón de usos múltiples para charlas y eventos culturales. La reciente ampliación, financiada en parte por donaciones locales, permite la incorporación de un gimnasio equipado con pesas y máquinas de cardio, complementando la preparación física de los estudiantes.
Mirando al futuro, Guadalupe y Claudia planean abrir una sede en la zona norte de la ciudad y lanzar una plataforma digital de clases virtuales. La visión es democratizar el acceso al karate, manteniendo la esencia de su filosofía: formar no solo campeones, sino personas integras. Con el apoyo de la comunidad y la pasión de sus fundadoras, el Dojo Kenkyo sigue consolidándose como un motor de cambio en Xalapa.
Fuente: Diario de Xalapa