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Francia erige muros de hormigón para frenar campamentos de caravanas este verano

por editor
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En la pequeña localidad de Talant, a las afueras de Dijon, la entrada al estadio Pascal Gien ha dejado de parecer un simple acceso deportivo. Desde finales de mayo, el municipio instaló muros de piedra y bolardos de hormigón de 1,5 toneladas que bloquean los carriles por donde podrían entrar caravanas de gran tamaño. La medida surgió tras la llegada de alrededor de 100 caravanas procedentes del departamento de Loiret, que transformaron los campos deportivos en un campamento de unas 500 personas durante tres semanas.

Talant no es el único caso. En los últimos meses, varios municipios franceses han visto cómo convoyes de caravanas, parte de los tradicionales desplazamientos estivales de los “gens du voyage”, ocupan parques, aparcamientos y terrenos deportivos. En Viry, cerca de la frontera suiza, 30 caravanas se instalaron en un aparcamiento en marzo y, pocos días después, más de 60 llegaron a terrenos adyacentes. En Vourles, alrededor de 120 unidades se asentaron en junio, y en Tarnos, 150 caravanas ocuparon el parque de Castillon el 2 de agosto.

Ante la proliferación de estos asentamientos, los ayuntamientos han recurrido a la solución más pesada: toneladas de hormigón. En Talant, el gasto ascendió a 10,000 euros para adquirir los bloques y otros 10,000 para cubrir el consumo de agua y electricidad del campamento. La estrategia consistió en colocar los bloques de forma que permitieran el paso de vehículos pequeños y de emergencia, pero impidieran el acceso a los convoyes. El costo total de la operación superó los 20,000 euros, una cifra que se repite en otras localidades.

Sin embargo, la efectividad de los barridos de hormigón ha demostrado ser limitada. En Viry, los ocupantes arrastraron los bloques hasta la calzada, obligando a la policía a reforzar la zona con terraplenes de tierra. En Vourles, 120 caravanas lograron mover las enormes piedras y acceder al terreno municipal. Cada vez que una barrera es superada, las autoridades añaden más peso o combinan materiales, creando una especie de carrera de obstáculos entre municipios y campistas.

El problema estructural radica en la falta de áreas oficiales de acogida. Francia lleva décadas intentando regular los desplazamientos mediante zonas específicas, pero la saturación o la indisponibilidad temporal de estos espacios obliga a los convoyes a buscar terrenos alternativos, generando conflictos con los gobiernos locales. En Deuil-la-Barre, un ayuntamiento tuvo que retirar los bloques de hormigón tras varias resoluciones judiciales y la amenaza de multas diarias.

El escenario plantea un dilema: seguir gastando recursos públicos en barreras físicas o invertir en soluciones de largo plazo, como la creación de más áreas de acogida y la coordinación entre autoridades regionales y nacionales. Mientras tanto, el verano francés se ha convertido en un campo de batalla de hormigón, tierra y piedras, y la pregunta es si otros países europeos adoptarán medidas similares.

Fuente: xataka

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