Las olas de calor extremo son un desafío estructural cada vez más intenso y duradero en las ciudades. Una reciente investigación liderada por la Universidad de Granada evidencia que el diseño, la morfología y el tipo de arbolado son factores críticos para que una zona verde actúe como escudo térmico. Un área verde sin una densa cobertura de árboles pierde casi toda su eficacia para reducir la temperatura. Los árboles de gran porte y copa densa son los que consiguen reducir la temperatura ambiental entre 3 y 5 ºC en comparación con las zonas dominadas por pavimentos impermeables. La investigación concluye que la capacidad de enfriamiento depende críticamente de estos árboles. El estudio también subraya que el diseño urbano no admite recetas universales y que el concepto de ‘refugio climático urbano’ aún está en pañales y su definición carece de consenso. La ciencia advierte que el urbanismo actual se está centrando casi en exclusiva en el confort térmico, dejando inexplorado el potencial de estos espacios para fomentar la biodiversidad urbana o la mitigación climática a largo plazo. Los refugios climáticos deben concebirse como soluciones multiescalares, con una red interconectada de espacios que clasifiquen los usos según su necesidad. El mayor obstáculo al que se enfrentan los refugios climáticos no es termodinámico, sino social, ya que la desigualdad geográfica y de renta determina quién usa realmente estos espacios. La administración sigue yendo un paso por detrás en la implementación de soluciones efectivas para combatir el calor extremo en las ciudades.
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