La carrera por lograr la fusión nuclear, la fuente de energía que imita al sol, ha dejado de ser exclusivo dominio de proyectos estatales. Mientras el ITER avanza en Cadarache, Francia, y su puesta en marcha se proyecta para la década de 2060, dos compañías estadounidenses afirman que pueden entregar electricidad de fusión mucho antes. Commonwealth Fusion Systems (CFS) y Helion Energy, ambas respaldadas por inversores de alto perfil, han anunciado planes para operar reactores que inyecten energía a la red en los próximos años.
Helion Energy, con sede en Washington, está construyendo el reactor Orion, basado en la configuración de campo invertido (FRC). A diferencia del tokamak tradicional, el FRC busca transformar directamente la energía de la fusión en electricidad, sin pasar por el ciclo de vapor y turbinas. La empresa ya demostró que su prototipo Polaris mantiene un plasma a 150 millones de grados Celsius y produce energía mediante deuterio y tritio. Además, firmó un acuerdo con Microsoft para suministrar electricidad de fusión en 2028, lo que sitúa a Helion a solo dos años de una posible entrega comercial.
Por su parte, CFS, fundada por investigadores del MIT, está desarrollando el tokamak SPARC en Massachusetts. Este prototipo utiliza imanes superconductores de alta temperatura que, según simulaciones, reducen drásticamente la energía requerida para confinar el plasma. Aunque SPARC no está diseñado para generar electricidad, sirve como banco de pruebas para ARC, la futura planta comercial que CFS promete entregar a principios de la década de 2030 con una capacidad de 400 megavatios netos.
Ambas iniciativas enfrentan desafíos técnicos de magnitud titánica. La estabilización del plasma a temperaturas superiores a los 100 millones de grados y la resistencia de los materiales que recubren la cámara de vacío son obstáculos críticos. Sin embargo, CFS ha publicado decenas de artículos científicos revisados por pares que avalan su enfoque, y ha asegurado contratos con Google y la empresa energética Eni para la operación de ARC.
El contraste entre las estrategias es evidente: Helion apuesta por una solución radical y de corto plazo, mientras CFS opta por perfeccionar la tecnología tokamak antes de escalarla. Si alguna de las dos logra cumplir sus promesas, la energía de fusión podría convertirse en una realidad comercial antes de que el ITER entregue su primera planta, redefiniendo el panorama energético global.
Los gobiernos y la industria observarán de cerca estos avances, pues la fusión nuclear promete una fuente prácticamente inagotable y libre de emisiones de carbono. El éxito de los proyectos privados no solo aceleraría la transición energética, sino que también abriría nuevas oportunidades de inversión y desarrollo tecnológico en México y América Latina.
Fuente: xataka