El cantante británico Ed Sheeran, uno de los compositores más exitosos de la historia con más de 120 millones de discos vendidos, se encuentra en medio de la mayor controversia de su trayectoria. La disputa surgió cuando el rapero estadounidense Macklemore, telonero de la gira estadounidense de Sheeran, expresó su apoyo a Palestina durante el primer concierto, mostrando imágenes de Gaza y calificando el conflicto de “genocidio”. Las declaraciones provocaron una fuerte reacción de los dueños de los recintos, encabezados por el magnate Robert Kraft, quien presionó para que Macklemore fuera expulsado de la gira.
Sheeran ha construido su fama no solo con canciones pegadizas, sino también con una imagen de “chico bueno” y accesible. Su estilo sencillo, su donación de ropa a beneficencia en 2014 y la adopción de un gatito llamado Graham son parte de una estrategia de cercanía con el público. A lo largo de los años, el artista evitó la política, limitándose a temas como derechos de autor o el impacto del Brexit en los músicos, aunque sus inclinaciones progresistas son conocidas.
Ante la polémica, Sheeran emitió un comunicado afirmando que la decisión de retirar a Macklemore correspondía a los promotores, no a él. Añadió que intentó mediar entre ambas partes y que su silencio político no significaba indiferencia, expresando horror ante la tragedia en Gaza y subrayando que su audiencia incluye a niños de todos los orígenes. Sin embargo, críticos señalaron la contradicción de su postura, recordando que Sheeran había apoyado causas como la justicia para Grenfell y participado en conciertos a favor de Ucrania.
La reacción de la comunidad musical fue inmediata. Los artistas invitados Finneas, Aaron Rowe y Lukas Graham abandonaron la gira en solidaridad con Macklemore, al igual que la banda Beoga, que acompañaba a Sheeran en temas como “Galway Girl”. Varios músicos y figuras públicas denunciaron la presión de los multimillonarios como un atentado contra la libertad de expresión.
Expertos en la industria, como el periodista Jeffrey Ingold, calificaron la postura de Sheeran de “lavarse las manos”, argumentando que el cantante tenía la capacidad de rechazar la presión y defender la libertad de expresión. Otros, como Jem Aswad de Variety, sostienen que la neutralidad es imposible en conflictos tan polarizados y que la polémica podría dañar la percepción pública del artista.
A pesar de la tormenta, Sheeran insiste en continuar la gira para no decepcionar a sus fanáticos y al personal que depende económicamente de los conciertos. La próxima presentación en Filadelfia será un termómetro de la reacción del público; mientras algunos lo protestarán, muchos asistirán simplemente para disfrutar de su música. El futuro de la gira y la imagen del cantante dependerán de cómo maneje esta delicada situación en un contexto global cada vez más polarizado.
Fuente: Bbc