Inicio SaludDescubren la fórmula acústica del canto de aves que reduce estrés y mejora salud

Descubren la fórmula acústica del canto de aves que reduce estrés y mejora salud

por editor
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Un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge ha logrado identificar los rasgos sonoros que hacen del canto de ciertas aves una verdadera terapia natural. En un estudio publicado en la revista Frontiers in Bird Science, 84 voluntarios escucharon 123 grabaciones de cantos de especies comunes mientras sus respuestas fisiológicas eran monitoreadas. Los participantes calificaron cada vocalización según su grado de agrado, y los científicos correlacionaron esas puntuaciones con parámetros acústicos como amplitud, frecuencia, complejidad y ancho de banda. El análisis reveló un patrón claro: los cantos más placenteros comparten tres características clave que el cerebro interpreta como relajantes.

Primero, los trinos preferidos presentan una frecuencia media que evita el rango de mayor sensibilidad humana, entre 2 kHz y 4 kHz, reduciendo la percepción de estridencia. Segundo, la amplitud tiende a ser moderada, ni demasiado alta ni demasiado baja, lo que permite una escucha cómoda sin sobresaltos. Tercero, la complejidad melódica, medida por la variación de tonos y la duración de los silbidos, es suficiente para mantener el interés sin generar saturación auditiva. Estas tres variables conforman la “receta acústica” que explica por qué ciertos cantos resultan tan agradables.

Aplicando la fórmula a la muestra, el mirlo común (Turdus merula) obtuvo la mayor puntuación, convirtiéndose en el ave cuyo canto se percibe como más relajante. En contraste, los llamados búho campestre (Asio flammeus) y la lechuza de campanario (Asio otus) recibieron las peores calificaciones, probablemente por sus tonos más graves y menos modulados. Curiosamente, el nivel de conocimiento ornitológico de los participantes no influyó en sus preferencias, lo que sugiere que la respuesta es innata y no cultural.

Para validar el impacto fisiológico, los investigadores organizaron un paseo controlado por un jardín botánico. Un grupo recibió la instrucción de prestar atención activa al canto de las aves, mientras otro solo caminó sin enfocarse en el sonido. Los resultados fueron contundentes: quienes escucharon atentamente mostraron una disminución del 15 % en cortisol, una caída de 8 mmHg en la presión arterial y una reducción de 5 latidos por minuto en la frecuencia cardíaca. Estos datos confirman que el entorno sonoro es tan importante como el visual para los beneficios del contacto con la naturaleza.

Los hallazgos abren la puerta a nuevas aplicaciones en diseño urbano y terapias de reducción de estrés. Arquitectos y planificadores podrían incorporar zonas verdes con especies aviares que cumplan la fórmula acústica, creando espacios auditivos que favorezcan la salud mental de los habitantes. Asimismo, dispositivos de sonido ambiental podrían reproducir estos cantos para oficinas, hospitales o centros educativos, ofreciendo una alternativa natural a la música comercial.

En conclusión, la ciencia ha descifrado la clave detrás del efecto calmante del canto de los pájaros, demostrando que no se trata solo de una sensación subjetiva, sino de una respuesta fisiológica medible. Conocer la “fórmula acústica” permite aprovechar de manera consciente este recurso natural, potenciando el bienestar colectivo a través del sonido de la vida silvestre.

Fuente: Xataka

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