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Corea del Sur dice adiós al bosintang: el último verano con sopa de perro

por editor
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Durante siglos el boknal, los tres días más calurosos del verano coreano, fueron sinónimo de bosintang, una sopa de carne de perro que, según la tradición, devolvía energía en el sofocante calor. En 2026 esos días cobraron un matiz histórico: fueron los últimos en los que se pudo servir legalmente este plato, tras la aprobación de una ley que prohibirá la crianza, sacrificio y venta de perros para consumo humano a partir de febrero de 2027.

La medida, impulsada por el gobierno de Yoon Suk‑yeol y su esposa Kim Keon‑hee, llega después de una larga transformación social. Encuestas oficiales muestran que el consumo de carne de perro cayó del 27 % en 2015 al 8 % en 2024, y que más del 90 % de la población no planea volver a comerla. El cambio de percepción se debe al creciente papel de los perros como mascotas, la presión de grupos animalistas y una generación joven que rechaza la práctica.

Aun con la caída del consumo, la industria seguía empleando a miles de personas. En 2024, más de 5 600 negocios estaban registrados, y en 2025 aún existían 1 537 granjas dedicadas a la producción de carne canina. El Gobierno estableció un periodo de transición de tres años para evitar un colapso económico inmediato, pero el reto ahora es qué hacer con los cerca de medio millón de perros criados para el mercado, muchos de los cuales son de razas grandes o cruzadas consideradas peligrosas.

Seongnam, en las afueras de Seúl, alberga el histórico Moran Market, antes un epicentro del bosintang. Hoy los puestos han sustituido la carne de perro por estofados de cabra negra, y la clientela que aún visita el lugar son mayormente ancianos de 70 a 90 años. Kim Yong‑book, presidente de la asociación de comerciantes del mercado, describe la escena como “un pueblo de ancianos” que se aferra a la última oportunidad de saborear una tradición que desaparece.

Los defensores de los animales han intensificado los rescates, enviando miles de perros a hogares en Corea del Sur, Canadá, EE. UU. y Reino Unido. Sin embargo, la logística sigue siendo complicada: los refugios locales no pueden absorber la cantidad, y el costo de reubicación recae en gran parte en el Estado, que ha destinado fondos para ampliar instalaciones y compensar a los granjeros que cierran anticipadamente.

El último boknal legal marca el cierre de una práctica que, aunque minoritaria, representó una parte singular de la cultura culinaria surcoreana. Para la mayoría de los jóvenes, el bosintang ya es historia; para los mayores, es un recuerdo que se desvanece. La prohibición de 2027 consolidará ese cambio, dejando al país sin una de sus costumbres más curiosas mientras avanza hacia una visión más moderna del bienestar animal.

https://www.youtube.com/watch?v=SE2Me9-9i0Y

Fuente: xataka

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