El último informe PISA 2025 revela una caída general del rendimiento académico en la OCDE, pero destaca con claridad el desempeño superior de varios países asiáticos. Mientras que la media de la organización perdió 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas desde 2015, naciones como Singapur, Japón, Corea del Sur y algunas provincias chinas siguen marcando la diferencia, superando ampliamente a sus pares españoles.
En la prueba de lectura, Singapur alcanzó 535 puntos, seguido por regiones chinas (Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang) con 527, y Japón con 503. La media de la OCDE se quedó en 461, lo que significa que los estudiantes asiáticos leen el equivalente a dos años más de educación que el promedio. En matemáticas, los mismos territorios chinos lideran con 612 puntos, mientras que Singapur obtuvo 563 y Corea del Sur 522, frente a los 463 de la OCDE. En ciencias, China (597), Singapur (560) y Japón (538) también superan ampliamente la media de 482.
España, por su parte, registró 451 puntos en lectura, 463 en matemáticas y 460 en ciencias, situándose por debajo del promedio de la OCDE y muy lejos del “milestone” de medio mil en los países líderes. El informe advierte que casi el 20% de los adolescentes presentan bajos rendimientos, lo que plantea un reto urgente para el sistema educativo español.
Los analistas atribuyen el éxito asiático a factores culturales y estructurales: alta disciplina, respeto a la autoridad, control estricto del uso de pantallas y una fuerte presión social para obtener buenas calificaciones. En Corea del Sur, por ejemplo, el 83,6% de los niños de cinco años asistían a academias privadas en 2017, y más de 73,000 centros de tutoría operaban en 2020, preparando a los estudiantes para el exigente examen universitario “suneung”.
Otros elementos que favorecen a estos países son la alta formación de los padres, la inversión constante en infraestructura educativa y políticas gubernamentales que apoyan a docentes y escuelas. En Japón, la gestión de la pandemia y la mínima interrupción de clases también contribuyeron a mantener los niveles de aprendizaje.
Sin embargo, el modelo asiático no está exento de críticas. Expertos advierten que la sobrecarga académica puede afectar la salud mental de los jóvenes y que la excelencia no debe buscarse a cualquier precio. En España, la discusión se centra ahora en cómo revertir la tendencia a la baja, equilibrando la disciplina con el bienestar estudiantil y aprovechando la tecnología de forma responsable.
La pregunta que queda en el aire es si los países occidentales podrán adoptar algunos de estos principios sin sacrificar la calidad de vida de sus adolescentes, o si deberán buscar rutas alternativas para cerrar la brecha educativa que se amplía año tras año.
Fuente: xataka