Durante siglos, los marineros de todo el mundo morían de escorbuto, una enfermedad silenciosa que acababa con las tripulaciones enteras. Sin embargo, los balleneros vascos parecían inmunes a esta afección. La historia detrás de este misterio es fascinante. Los marineros del siglo XVI temían más el escorbuto que los naufragios o los piratas. La enfermedad se caracterizaba por la aparición de encías sangrantes, caída de dientes, heridas que se reabrían y manchas moradas en la piel. La causa del escorbuto era desconocida en ese momento, pero se sabía que era letal. Los vascos, sin embargo, parecían estar protegidos contra esta enfermedad. La clave parecía estar en su dieta, que incluía sidra y txakolí. Sin embargo, investigaciones recientes han descubierto que la sidra fermentada no contiene vitamina C, lo que la hace ineficaz contra el escorbuto. La razón real detrás de la inmunidad de los vascos se encuentra en la duración de sus viajes. Los balleneros vascos nunca pasaban más de un mes en alta mar sin tocar tierra, lo que les permitía evitar los efectos devastadores del escorbuto. A pesar de que el mito de la sidra protectora ha sido desmentido, la historia de los balleneros vascos sigue siendo fascinante. Su capacidad para navegar y pescar en el Atlántico Norte durante siglos es un testimonio de su habilidad y resistencia. La sidra, aunque no sea un remedio contra el escorbuto, sigue siendo un manjar apreciado por muchos. La historia de los balleneros vascos es un recordatorio de la importancia de la investigación y la verificación de la información antes de aceptar mitos y leyendas como verdades.
Fuente: xataka