Durante la noche del miércoles 22 al jueves 23 de julio, Tenerife experimentó cientos de pequeños terremotos. Los detectores automáticos captaron más de 500 seísmos, aunque manualmente, bajo revisión de sismólogos, la cifra se redujo a 100. En total, desde entonces, se han notificado alrededor de 1.500 terremotos de muy baja magnitud, muchos de ellos híbridos. Esto significa que se producen tanto por la rotura de roca como por el movimiento subterráneo de fluidos. Los expertos hacen un llamamiento a la calma, ya que los enjambres de terremotos son normales en zonas volcánicas y tendrían que ser más intensos para suponer el preámbulo de una erupción. La mayoría de los seísmos tienen una magnitud de entre 1 y 2, lo que es una intensidad muy baja para preocupar a la población. Desde febrero, se han registrado unos 10 episodios similares, todos con terremotos híbridos de magnitud baja. Los volcanes de Tenerife se consideran activos, ya que hace poco más de un siglo de su última erupción. Aun así, eso no quiere decir que vaya a haber otra de forma inminente. Las últimas erupciones en Tenerife ocurrieron en noviembre de 1909, cuando tuvo lugar la erupción de Chinyero, precedida de una intensa actividad sísmica que comenzó en marzo de 1908. Los geólogos insisten en que este enjambre sísmico no vaticina una erupción a corto o medio plazo, ya que no hay indicios de magma en la superficie ni de una intensidad significativa en los terremotos.
Fuente: xataka