La paleontología moderna tiene dos grandes campos de trabajo: expediciones en lugares remotos y estanterías de museos. Un fósil antártico almacenado en el Reino Unido ha revelado ser una pieza clave para entender el pasado de nuestro planeta. El fósil, que llevaba décadas en la colección del British Antarctic Survey, ha sido identificado como un dinosaurio saurópodo titanosaurio del Cretácico Superior. Esto plantea una imagen mental que choca con el paisaje actual de la Antártida, ya que los titanosaurios fueron animales terrestres gigantes. La respuesta está en que la Antártida del Cretácico superior no se parecía a la actual, con continentes dispuestos de otra manera y un ecosistema rico y templado que sostenía a estos herbívoros. El valor de esta noticia reside en la relevancia de las colecciones institucionales y la importancia de revisar y estudiar los fósiles almacenados. Este fósil es la confirmación de que no había barrera ni latitud que se resistiera a los pasos de un titanosaurio. La Antártida del pasado era un lugar muy diferente, con vastos bosques de coníferas y helechos, y un clima templado que permitía la supervivencia de estos gigantescos animales. El estudio de este fósil es un ejemplo de cómo la ciencia puede descubrir nuevos secretos del pasado y cambiar nuestra comprensión del mundo.
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