En el siglo XVIII, el rey Fernando VI era conocido por su afición a la caza. De hecho, se estima que cazaba unos diez animales al día. Esto se conoce gracias a un antiguo manuscrito conservado en el Palacio Real, que detalla las miles de piezas que abatió entre 1745 y 1755.
Este manuscrito, conocido como ‘Asiento de Caza’, es una valiosa fuente de información para los biólogos que estudian la biodiversidad de la península. El investigador Juan Jiménez rescató este documento mientras buscaba datos sobre las antiguas cacerías reales.
El ‘Asiento de Caza’ detalla las piezas capturadas por el rey durante gran parte de su reinado, lo que equivale a unas 112 cacerías al año. El manuscrito registra más de 38.000 animales abatidos de 62 especies diferentes, lo que permite inferir variaciones en la disponibilidad de diferentes especies entre los terrenos de caza.
La caza en el pasado se consideraba principalmente una actividad deportiva, en la que la demostración de destrezas era tan importante como la identificación de las presas. Los terrenos de caza reales eran gestionados para garantizar una abundante caza para el rey, lo que tuvo consecuencias en el entorno.
La mayoría de los predecesores y sucesores de Fernando VI también fueron cazadores apasionados. De hecho, hay testimonios de que Carlos III, hermanastro de Fernando, cazaba casi a diario y que en solo una jornada de 1786 él y sus vástagos abatieron 145 ciervos y dos jabalíes.
Fuente: xataka