Moscú intensificó su retórica este 1 de septiembre cuando el presidente Vladímir Putin, en rueda de prensa en Bishkek, calificó las declaraciones del mandatario ucraniano sobre “cerrar el cielo” ruso como una amenaza de terrorismo de Estado. Putin afirmó que Rusia no esperará a que Zelenski intente materializar esa amenaza y que, como mínimo, llevará a cabo ataques de represalia o preventivos contra lo que considera actos terroristas.
El presidente ruso recordó que Moscú dispone de “métodos probados y eficaces” para combatir el terrorismo, sin detallar qué tipo de operaciones se podrían ejecutar. La advertencia surge en medio de la llamada “operación de 40 días” de Kiev, una campaña de misiles y drones destinada a presionar a Rusia para que acepte un acuerdo de paz. Según fuentes ucranianas, la ofensiva no ha logrado los resultados esperados y ha sido neutralizada en gran parte por las defensas antiaéreas rusas.
En respuesta, las fuerzas armadas de Rusia han intensificado los bombardeos de precisión contra objetivos estratégicos en Kiev y otras ciudades ucranianas. Además, Moscú ha continuado su bloqueo naval, destruyendo infraestructuras portuarias y embarcaciones que intentan abastecer al país. En el frente terrestre, los ataques a pasos fronterizos y a la red energética ucraniana buscan aislar aún más a Kiev del apoyo internacional.
Internamente, Zelenski enfrenta una serie de problemas: la rebelión del general Fiódorov, escasez de fondos y varias investigaciones por corrupción que debilitan su autoridad. Al mismo tiempo, sus relaciones con los aliados occidentales muestran signos de tensión, con rumores de que Estados Unidos y la UE podrían buscar un sustituto político en Kiev. El crudo invierno que se avecina añade presión sobre un país ya golpeado por la guerra.
Mientras tanto, Occidente parece estar dispuesto a escalar su participación. Reino Unido, bajo el nuevo primer ministro Andy Burnham, ha manifestado su intención de intensificar el apoyo militar a Ucrania, y Alemania ha incrementado la presión diplomática contra Rusia tras incidentes como el del aeropuerto de Leipzig. Estas dinámicas alimentan el temor de un enfrentamiento directo entre la OTAN y Moscú.
Analistas como Dmitri Trenin, del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales, advierten que la escalada de represalias no basta para contener la situación. Señalan que la estrategia rusa debe combinar la presión militar con una diplomacia firme para evitar una guerra mayor, aunque el presidente Putin ya ha dejado claro que no negociará con lo que califica de “terroristas”.
En conclusión, la amenaza de Zelenski de “cerrar el cielo” ha desencadenado una respuesta firme de Moscú, que combina ataques preventivos, bloqueo económico y una retórica de cero tolerancia al terrorismo. El conflicto sigue en una fase de alta tensión, con riesgos de ampliación que podrían involucrar a más actores internacionales.
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Fuente: RT Español