Un “incendio” se ha encendido en los mercados de bonos, obligando a gobiernos y grandes corporaciones a enfrentar tipos de interés en máximos no vistos en décadas. La chispa proviene del cierre del estrecho de Ormuz y la escalada de hostilidades entre EE. UU. e Irán, que han disparado los precios del petróleo y la inflación mundial. Con expectativas de tipos más altos, los mercados ya no asumen que la tensión se disipará antes de las elecciones de mitad de mandato en EE. UU., lo que genera una presión constante sobre los costos de financiación.
Al mismo tiempo, la demanda de crédito se ha expandido más allá de los estados. Gigantes tecnológicos como Google, Amazon y Meta han emitido más de 219 000 millones de dólares en bonos este año, una cifra tres veces mayor que el total del año pasado. Aproximadamente un tercio de esa deuda se emitió en monedas distintas al dólar, reflejando la búsqueda de diversificación y la necesidad de financiar inversiones masivas en centros de datos de inteligencia artificial. Los analistas anticipan que la emisión total podría alcanzar entre 400 000 y 500 000 millones de dólares, intensificando la competencia por el capital disponible.
Japón, el mayor acreedor individual de EE. UU., también está bajo presión. Con una deuda pública que supera el 200 % de su PIB, el país ha visto subir la rentabilidad de sus bonos a niveles no registrados en 30 años, mientras el yen se deprecia. El Banco de Japón ha comenzado a elevar gradualmente sus tasas para combatir la inflación, lo que afecta tanto a su mercado interno como a los flujos de capital globales.
El factor clave que impulsa el alza de los tipos es la credibilidad de los planes de endeudamiento. Los inversionistas exigen primas más altas cuando perciben incertidumbre en la política fiscal o falta de un programa sólido para controlar el gasto. En el Reino Unido, la inestabilidad política y la dificultad para recortar prestaciones sociales han generado una prima de riesgo adicional, pese a que el crecimiento económico del país supera al de sus pares.
Expertos como Mohamed El‑Erian señalan que la competencia de la inteligencia artificial por fondos es el nuevo motor de la presión, mientras que Jim O’Neill apunta a la incertidumbre de la política estadounidense. Ambos coinciden en que los gobiernos deberán presentar planes claros y sostenibles para evitar que los costos de financiación se disparen aún más.
Para los líderes mundiales, la escalada de los tipos de interés complica la tarea de equilibrar inversión pública, reformas estructurales y apoyo social. En el caso británico, el próximo plan a diez años del primer ministro Andy Burnham deberá demostrar cómo controlar el gasto sin desalentar a los inversores, una ecuación cada vez más difícil en un entorno de bonos inflado.
Fuente: Bbc