El portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln, tras registrar un récord de 250 días en alta mar sin escala, atracó este miércoles en el puerto de Pattaya, en el sureste de Tailandia. La embarcación, que partió de San Diego en noviembre, transporta cerca de 5,000 tripulantes que, después de meses de confinamiento, esperan un merecido respiro. Pattaya, conocida por su vibrante vida nocturna y su controvertida reputación de “ciudad del pecado”, se prepara para recibir a los marines estadounidenses con una mezcla de expectativa económica y cautela normativa.
Pattaya ha sido históricamente un punto de encuentro para soldados estadounidenses. Durante la Guerra de Vietnam, la proximidad a bases como Sattahip y U‑Tapao transformó la pequeña aldea de pescadores en un centro de ocio para militares. Ese legado dejó una infraestructura de bares, discotecas y hoteles que, décadas después, sigue atrayendo a turistas y a la industria del entretenimiento para adultos. Sin embargo, las autoridades locales buscan ahora equilibrar la demanda de los marines con la necesidad de proyectar una imagen más familiar y segura.
La llegada de los marines ocurre en un contexto de tensiones regionales. Después de que EE.UU. e Israel iniciaran operaciones contra Irán a finales de febrero, el USS Abraham Lincoln fue desviado al Golfo y, finalmente, al puerto tailandés. En Washington, algunos congresistas han denunciado problemas de abastecimiento y estrés psicológico a bordo, aunque la Marina asegura que la tripulación cuenta con el apoyo necesario. Por su parte, el gobierno tailandés ha impuesto restricciones: los militares no podrán acceder a zonas como Soi 6, famosa por sus bares de “go‑go”, ni a tiendas de cannabis o actividades acuáticas de riesgo.
Los comerciantes locales ven en la visita una oportunidad sin precedentes. Muchos han colocado carteles de bienvenida y ofrecen descuentos especiales, esperando que los marines gasten el dinero ahorrado durante su estancia en alta mar. El alcalde de Pattaya, Poramase Ngampiches, señaló que se han desplegado cientos de policías para evitar abusos y precios excesivos, mientras que la Marina ha organizado autobuses lanzadera y habilitado dos hoteles para el descanso de la tripulación.
A pesar de la expectación, la vida nocturna de Pattaya parece más tranquila de lo habitual. Los neones de Walking Street siguen iluminando la zona, pero la clientela ha cambiado: familias de Oriente Medio y turistas de otras regiones predominan sobre los habituales visitantes de bares eróticos. La guerra económica contra Irán ha mermado el turismo y el gasto, lo que hace que la llegada de los marines sea aún más significativa para la economía local.
Históricamente, la presencia estadounidense dejó una huella profunda en la evolución de Pattaya. Desde los años 60, cuando cientos de miles de soldados gastaban millones de dólares al año, hasta la actualidad, la ciudad ha transitado de ser una aldea pesquera a un destino global de ocio. Hoy, la expectativa es que, antes de que el portaaviones regrese al Pacífico el 6 de septiembre, los marines regresen a casa descansados y con una visión renovada de una Pattaya que intenta reinventarse.
Fuente: Bbc