Inicio CienciaDe 23 a 460 bisontes: la ambiciosa reintroducción que revive el desierto de Chihuahua

De 23 a 460 bisontes: la ambiciosa reintroducción que revive el desierto de Chihuahua

por editor
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En 2009 un camión cruzó la frontera sur de Estados Unidos con veintitrés bisontes provenientes del Wind Cave National Park, en Dakota del Sur. El destino fue la Reserva de la Biosfera de Janos, en el norte de Chihuahua, donde la especie había desaparecido hace décadas. Lo que comenzó como un experimento aislado se ha convertido en la mayor iniciativa de conservación del desierto norteamericano.

Diecisiete años después, la población de bisontes en Janos supera los 460 ejemplares y, sumando los grupos de la Reserva El Santuario y otros sitios, México alberga más de 600 animales. En noviembre de 2025 se liberaron 44 bisontes en la zona de Cuatro Ciénegas; en apenas nueve meses los pastos revivieron, aparecieron escarabajos peloteros y se registraron pumas, linces y pecaríes en cámaras trampa, mientras nacían ocho crías de bisonte. Los investigadores describen el proceso como una recuperación rápida del ecosistema.

Los megaherbívoros como el bisonte tienen un efecto transformador en los pastizales. Estudios de larga data en la Konza Prairie de Kansas demuestran que su presencia duplica la diversidad de plantas nativas y mejora la resistencia a sequías extremas. Sin embargo, los pastizales de Kansas difieren del matorral xerófilo de Chihuahua, y los ecologistas advierten que los ecosistemas tardan en estabilizarse. Celebrar los primeros resultados es válido, pero la adaptación a largo plazo sigue siendo incierta.

Un desafío crítico es la limitada variabilidad genética de la población mexicana. Un equipo liderado por Domínguez‑Viveros genotipó a 174 bisontes y descubrió que todos descienden de los 23 fundadores, lo que genera un riesgo de consanguinidad que aumenta un 4 % por generación. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) sigue catalogando al bisonte como especie “casi amenazada”, lo que implica que la reintroducción debe acompañarse de manejos genéticos rigurosos.

El contexto de Cuatro Ciénegas añade otra capa de complejidad. La zona, famosa por sus manantiales y especies endémicas, sufre una crisis hídrica provocada por la sobreexplotación agrícola; la laguna de Churince se secó recientemente. Aunque el bisonte no es la solución directa al problema del agua, su presencia actúa como símbolo de conservación, atrayendo atención y recursos hacia la protección de este ecosistema único.

En conclusión, la reintroducción del bisonte en el norte de México representa un experimento de gran escala que ya muestra beneficios ecológicos palpables. No obstante, la sostenibilidad a futuro dependerá de la gestión genética, la adaptación del matorral y la capacidad de integrar la conservación del bisonte con la urgente crisis hídrica de Cuatro Ciénegas. La historia aún está en proceso, y su desenlace será clave para la política ambiental del país.

Fuente: Xataka

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