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El deporte recreativo reduce el riesgo de demencia, mientras el trabajo físico no basta

por editor
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Un reciente meta‑análisis publicado en la revista The Lancet ha revelado que la actividad física de ocio protege el cerebro mucho más que el ejercicio realizado en el trabajo. El estudio, que reúne 74 investigaciones y más de 4,2 millones de participantes, encontró que quienes practican deporte fuera del ámbito laboral presentan un 24 % menos de probabilidades de desarrollar demencia o alzhéimer. En contraste, la actividad física vinculada al empleo aumentó el riesgo en un 20 %, y desplazarse activamente al trabajo, ya sea caminando o en bicicleta, lo elevó un 10 % adicional.

Estos hallazgos desmontan la creencia popular de que un empleo físicamente exigente garantiza una vejez saludable. Los investigadores señalan que los trabajos de alta demanda física suelen estar asociados a entornos socioeconómicos más desfavorables, con menores ingresos, menor nivel educativo y mayor exposición a estrés crónico, ruidos, contaminantes y lesiones. Estas condiciones adversas pueden contrarrestar los beneficios del movimiento, afectando la salud general y, por ende, el cerebro.

La diferencia entre ejercicio laboral y recreativo también radica en la intensidad y la variabilidad. Mientras que el trabajo físico a menudo implica movimientos repetitivos y falta de recuperación, el deporte de ocio permite ajustar la carga, combinar aeróbico y fuerza, y disfrutar de períodos de descanso. Además, la práctica deportiva suele estar acompañada de factores protectores como la socialización, la motivación y el control de otros riesgos cardiovasculares.

Este debate no es nuevo. Un meta‑análisis de 2022 del British Journal of Sports Medicine ya había concluido que la actividad física es un factor protector contra la demencia, aunque advirtió sobre la “causalidad inversa”: las fases preclínicas de la enfermedad pueden reducir la movilidad antes del diagnóstico. Estudios como el Copenhagen Male Study también mostraron una mayor incidencia de demencia en hombres con alta actividad ocupacional, mientras que investigaciones basadas en el UK Biobank encontraron resultados más favorables para ambos tipos de actividad.

Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) siguen siendo claras: no hay que descartar la actividad física en el trabajo, pero sí complementar con ejercicio estructurado y hábitos saludables. Controlar la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo y la salud auditiva son piezas clave del rompecabezas preventivo.

En conclusión, montar la bicicleta al trabajo o cargar cajas en una obra no es suficiente para proteger el cerebro. Incorporar actividades recreativas, como correr, nadar o practicar deportes de equipo, al menos dos horas semanales, parece ser la estrategia más eficaz para reducir el riesgo de demencia y mantener la cognición en la vejez.

Fuente: Xataka

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