La Unión Soviética intentó conquistar el océano Ártico mediante la construcción de faros nucleares en lugares remotos. Debido a la falta de personal dispuesto a trabajar en esas condiciones extremas, las autoridades soviéticas optaron por utilizar generadores termoeléctricos radiactivos (RTG) para alimentar los faros.
El océano Ártico es un área estratégica, y la Ruta del Norte se convirtió en una vía importante para el comercio entre Asia y Europa. Sin embargo, garantizar la seguridad de los barcos en esas aguas gélidas era un desafío. La solución soviética fue utilizar RTG, que podían generar electricidad a partir de la desintegración radiactiva de materiales como el estroncio-90.
Se estima que había cientos de faros automatizados en la región, y la organización medioambiental Bellona calculó que en 2003 había alrededor de 1.000 RTG en Rusia, la mayoría de los cuales se utilizaban para alimentar faros. Sin embargo, la falta de mantenimiento y la desaparición de los sistemas soviéticos provocaron que muchos de esos faros quedaran descuidados y se convirtieran en un problema medioambiental.
La ruina y la degradación de los faros nucleares llevaron a la aparición de material radiactivo en lugares inesperados, como paradas de buses y valles. Esto llevó a las autoridades rusas y noruegas a buscar soluciones para eliminar los RTG conflictivos y reemplazarlos con fuentes de energía alternativas.
La iniciativa noruega para eliminar RTG en el noroeste de Rusia tuvo éxito, y se eliminaron alrededor de 60 generadores en una década. También se ofreció ayuda a Moscú para reemplazar los faros nucleares con baterías solares y otras fuentes de energía más funcionales y económicas.
La historia de los faros nucleares soviéticos es un ejemplo de cómo una solución tecnológica puede convertirse en un problema medioambiental si no se consideran las consecuencias a largo plazo. Es importante aprender de los errores del pasado para evitar que se repitan en el futuro.
https://www.youtube.com/watch?v=SJThxJpj8L8
Fuente: xataka