La historia de cómo un pequeño tornillo ayudó a Estados Unidos a conquistar el mundo es una fascinante narrativa de estándares y tecnología. En la década de 1920, el mundo era un caos en términos de estándares, con cada país y estado teniendo sus propias reglas. Fue entonces cuando Herbert Hoover, secretario de Comercio de Estados Unidos, se propuso estandarizar todo, desde los adoquines hasta las copas y los vasos. Su objetivo era la eficiencia, clave para el buen funcionamiento de la economía. Una de las batallas más importantes fue la estandarización del tornillo, específicamente el ángulo de rosca de 60 grados. La diferencia entre un tornillo de 55 grados y uno de 60 grados es prácticamente imperceptible, pero la incompatibilidad entre ellos puede ser catastrófica. La Segunda Guerra Mundial puso a prueba la importancia de los estándares, ya que los aliados necesitaban intercambiar piezas y suministros. Estados Unidos se convirtió en el proveedor principal, pero la incompatibilidad de los tornillos y otras piezas causó problemas significativos. Fue entonces cuando Reino Unido se vio obligado a adoptar el estándar estadounidense, marcando el comienzo de una nueva era de influencia global. La Organización Internacional de Normalización (ISO) se fundó en 1947, y desde entonces, el mundo ha ido adoptando los estándares estadounidenses. Hoy en día, Estados Unidos sigue siendo una potencia global, no solo por su fuerza militar, sino también por su capacidad para establecer y mantener estándares técnicos y de manufactura que son adoptados por todo el mundo.
Fuente: Bbc