El Reino Unido está desarrollando un nuevo avión de combate sin piloto, llamado Brontanax, que podría revolucionar la forma en que se libran las batallas aéreas. El prototipo, desarrollado por BAE Systems, ya está listo y se encuentra en preparación para las pruebas en tierra. El Brontanax tiene un tamaño similar al del Hawk, un entrenador avanzado británico, y pertenece a la familia de los Collaborative Combat Aircraft, aviones sin tripulación concebidos para volar y combatir como parte de una formación más amplia. La intención es que los cazas vuelen acompañados por aeronaves capaces de asumir parte del riesgo, ampliar su alcance y sumar potencia de combate sin añadir otro piloto a la formación. El Brontanax tiene dos grandes funciones: guerra electrónica y ataques de precisión contra objetivos terrestres y aéreos. El proyecto llega en un momento muy concreto, ya que el Gobierno británico acaba de comprometer 300 millones de libras al programa Storm Fighter, que busca desarrollar una capacidad autónoma propia e integrarla en el resto de su aviación de combate. La Royal Air Force podría repartir funciones entre un mayor número de aeronaves, lo que se conoce como ‘combat mass’. El calendario es ambicioso, con el objetivo de que el demostrador vuele en 2027 y que Storm Fighter alcance una capacidad operativa antes de que termine la década. No es la primera vez que la Royal Air Force intenta incorporar un compañero no tripulado a sus formaciones, pero el nuevo intento llega con una diferencia importante: BAE Systems afirma haber financiado el desarrollo realizado hasta ahora mediante su propia inversión en investigación y desarrollo. La incógnita ya no es si la compañía puede llevar el diseño hasta un prototipo ensamblado, sino si ese aparato logrará demostrar en vuelo todo lo prometido. El Reino Unido se une así a una carrera en la que algunos competidores ya han dejado atrás la fase de presentación. Australia acumula más de un centenar de vuelos con el MQ-28 Ghost Bat de Boeing, mientras que Estados Unidos ha adjudicado contratos de desarrollo industrial y producción para el FQ-42 de General Atomics y el FQ-44 de Anduril. La apuesta británica todavía no tiene una flota contratada ni capacidades demostradas en el aire, pero sí un prototipo con el que intentar reducir esa distancia.
Fuente: xataka