La inteligencia artificial (IA) puede tardar más en mejorar la productividad de las empresas que los ordenadores personales, según un informe de Goldman Sachs. La economista Elsie Peng analiza la historia de la implementación de los ordenadores en las oficinas y concluye que la IA podría seguir una curva similar. En los primeros años, la productividad cayó un poco y luego se estancó. Solo al octavo año se comenzaron a notar los primeros indicios de crecimiento en la productividad atribuible al uso de las nuevas tecnologías. La tendencia se conoce como curva en J y se ha observado en otras tecnologías disruptivas del mercado laboral, como la máquina de vapor y la electricidad. Si la IA sigue esta curva, los primeros indicios de impacto podrían llegar en torno a 2030 y su pico de rendimiento no llegaría hasta 2034. Sin embargo, hay un factor que podría retrasar este proceso: el sabotaje de los empleados. Un estudio descubrió que el 29% de los empleados sabotea de algún modo la estrategia de IA de su empresa, y entre los jóvenes, la cifra sube al 44%. Esto se debe a que los empleados sienten que la IA amenaza su empleo. La reorganización del trabajo no se hace por sí sola, sino que depende de los empleados. Si buena parte de la plantilla se resiste, la implantación se complica. La inversión en tecnología no es suficiente, también es necesario invertir en reorganizar los procesos y formar a las plantillas. Las empresas que cambien su forma de trabajar serán las que ganen en este proceso de implementación de la IA.
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