Estamos sudando, reconozcámoslo. Y eso que es lunes y no quieres ni mirar el termómetro del coche. Sobre todo, porque AEMET ya viene avisando que el martes llega lo peor: hasta 44 grados en los valles del interior , noches infernales en el sudeste y anomalías de más de 20 grados en el norte .
Y, sin embargo, al fondo de los modelos de predicción meteorológica (allá donde las horas se convierten casi en semanas) empiezan a aparecer escenarios fríos. ” Anomalías de -12 grados para empezar julio “, se oye decir.
Y sí, el mapa es correcto, los datos dicen eso. El problema es todo lo demás.
Aunque antes de nada, una buena noticia: el alivio térmico sí que está cerca. A mediados de semana llegará ” una bocanada de aire más fresco ” desde el noroeste. Esto ayudará a refrescar el calor que “se ha instalado en gran parte de la península Ibérica durante el final de la primavera y el arranque del verano”.
No quiere decir, por supuesto, que no vaya a hacer calor. Incluso si (como señalan algunos mapas) las temperaturas se quedan un par de grados por debajo de lo normal, seguirá haciendo calor. Sin embargo, el descenso será claro. Como referencia, Bilbao pasará de 42 a 29 en 48 horas .
Y ahora sigamos con julio. Efectivamente, algunas salidas de AIFS v2 , el modelo de inteligencia artificial del Centro Europeo, están mostrando anomalías muy curiosas para los primeros días de julio. Hay, efectivamente, tres trampas: la primera es el plazo. Diez días, queramos o no, sigue siendo mucho tiempo para cerrar una previsión.
La segunda es que hablamos de anomalías: -12 grados de anomalía es mucho, sí. Pero sobre los niveles de julio no es ‘tanto’ como podría parecer. Como mucho nos quedará un clima primaveral. Algo que será bien recibido, pero que puede convertirse en un problema si no manejamos correctamente las expectativas.
La última trampa es entender que ‘una semana’ no es ‘un clima’. Es verdad que llevamos ya dos eventos de altas temperaturas muy raros (y que, según parece, están causados por las variaciones de la corriente en chorro). También es verdad que la idea de un primero de julio frío transmite cierta idea de ‘montaña rusa’ térmica. Pero ni una ola de calor temprana ni un bache térmico cambian la realidad: que el verano es cada vez más duro.
Es decir, corremos el riesgo de que cale la idea de que “el tiempo está loco” cuando es mentira. No vivimos en un mundo donde el frío y el calor se distribuyen como si los días se repartieran en una lotería: vivimos en un mundo que se calienta. Que se calienta mucho más y más rápido de lo que nos gustaría.
¿Qué podemos esperar? A corto plazo, un poco más de calor y un pequeño alivio térmico. Habrá algunos chubascos en el oeste, primero; y en el este, después. Luego, si todo se termina confirmando, unos días un poco más frescos (y húmedos de lo normal). A medio plazo, todo apunta a que más de lo mismo: calor, mucho calor.
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