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De Steve Jobs a John Ternus: la historia oculta de los Porsche de Apple

por editor
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Steve Jobs, el icónico creador de Apple, no solo fue famoso por sus productos, sino también por una curiosa anécdota que revela su cautela financiera. En 1985, cuando buscaba inversores para su recién nacida empresa NeXT, invitó al empresario Ross Perot a una reunión decisiva. Jobs temía que la presencia de su Porsche 911, y el idéntico modelo de su colega Randy Adams, pudieran transmitir una imagen de abundancia que ahuyentara al posible inversor. Por eso, ordenó “esconder los Porsche” detrás de la oficina. La maniobra, aunque no comprobada, habría ayudado a que Perot aportara 20 millones de dólares, demostrando que el magnate tecnológico prefería que su patrimonio no eclipsara la propuesta de negocio.

Cuatro décadas después, el nuevo CEO de Apple, John Ternus, también tiene una relación estrecha con la marca alemana, pero bajo una lógica muy distinta. Desde su ascenso al mando el 1 de septiembre, Ternus ha sido visto en los circuitos de carreras, particularmente en Laguna Seca, donde practica con un Porsche 935 de edición limitada. Este modelo, presentado en 2019, se basa en el 911 GT2 RS y rinde homenaje al legendario 935/78 “Moby Dick”. Sólo se fabricaron 77 unidades, cada una con 700 caballos de fuerza y un precio que supera los 700 mil euros, lo que la convierte en una de las máquinas más exclusivas del mercado.

El desempeño de Ternus en la pista es notable: según el Wall Street Journal, completa una vuelta en Laguna Seca en 1 minuto y 40 segundos, una marca que subraya su habilidad al volante y, metafóricamente, su capacidad para guiar una de las compañías más valiosas del planeta. Sin embargo, el Porsche 935 no está homologado para circulación urbana, por lo que el ejecutivo rara vez lo usa para llegar a la sede de Cupertino. Frank‑Steffen Walliser, jefe de Motorsport en Porsche, explicó que la ausencia de homologación obliga al coche a permanecer en circuitos cerrados, limitando su exposición pública.

La conexión entre Apple y Porsche trasciende a sus directivos. En 1980, el equipo Dick Barbour Racing inscribió un Porsche 935 K3 con los colores del arcoíris de Apple en Le Mans, una muestra temprana de sinergia de marca. Recientemente, Porsche celebró el 50 aniversario de Apple y su propio 75 años de Motorsport con dos Porsche 963 pintados en los icónicos tonos de la manzana, reforzando la relación simbólica entre ambas firmas.

Esta dualidad – Jobs ocultando su lujo para no asustar a los inversores y Ternus exhibiendo una joya automotriz en pistas exclusivas – ilustra cómo la percepción del éxito ha evolucionado dentro de Apple. Mientras la primera generación buscaba discreción para asegurar capital, la actual combina la imagen de exclusividad con la pasión por la velocidad, reflejando una cultura corporativa que ahora celebra tanto la innovación tecnológica como el alto rendimiento en el deporte motor.

En definitiva, los Porsche de Apple son más que simples automóviles; son piezas de historia que revelan la personalidad de sus líderes y la manera en que la empresa proyecta su imagen al mundo, ya sea ocultando o mostrando su poderío según la época.

Fuente: xataka

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