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Resultados de PISA 2025: Caen los estudiantes de familias acomodadas, ¿error de medición?

por editor
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En el informe publicado el 8 de septiembre por la OCDE, los resultados medios de la prueba PISA 2025 fueron los más bajos de la historia en lectura, matemáticas y ciencias, no solo en España sino en todo el conjunto de países miembros. El análisis destacó una tendencia inesperada: la brecha socio‑económica se redujo porque los alumnos con mayores recursos académicos experimentaron una fuerte caída, mientras que los de contextos más desfavorecidos apenas variaron.

En España el efecto fue particularmente visible. El cuartil socio‑económico más alto perdió 33 puntos en lectura y 24 en matemáticas, cifras que duplican la pérdida registrada en el cuartil más bajo. Este descenso generó titulares que señalaban a los estudiantes de familias ricas como los principales responsables del empeoramiento de los resultados, alimentando debates sobre el papel de la tecnología y la inteligencia artificial en el aprendizaje.

Inicialmente, el secretario de Estado de Educación, Abelardo de la Rosa, culpó a las pantallas, argumentando que el mayor acceso a dispositivos digitales había perjudicado a los alumnos más favorecidos. Sin embargo, un estudio conjunto de EsadeEcPol, Innovamat Research Lab y el Banco Mundial, basado en los microdatos de casi 600 000 estudiantes de 36 sistemas educativos, puso en duda esa explicación y apuntó a un factor metodológico.

Para la edición 2025, la OCDE modificó los ítems que determinan la posición de los alumnos en los cuartiles socio‑económicos. Se eliminaron once preguntas sobre estudios de los padres, ocupación y posesiones culturales como libros de ciencia o arte, sustituyéndolas por preguntas más “relevantes” para cada país, como la existencia de piscina, jacuzzi, habitación de invitados o una tablet propia. Estas nuevas variables presentan una correlación mucho menor con el desempeño académico, e incluso algunas, como la posesión de una tablet, correlacionan negativamente.

El cambio de indicadores implica que la comparación directa entre 2022 y 2025 es poco fiable. En 2022 se identificaba a los “acomodados” mediante capital cultural, mientras que en 2025 la clasificación se basa en bienes materiales que no reflejan necesariamente el entorno educativo. Por ello, la aparente caída de los estudiantes ricos podría deberse más a la redefinición de la muestra que a una verdadera pérdida de conocimientos.

En conclusión, los datos de PISA 2025 confirman una caída generalizada en el rendimiento, pero la narrativa de un colapso entre los alumnos de familias acomodadas es, en gran medida, un artefacto de la nueva metodología. Las autoridades deben enfocarse en entender las causas estructurales de la disminución y diseñar políticas basadas en evidencia, evitando decisiones precipitadas basadas en comparaciones metodológicas defectuosas.

Fuente: xataka

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