España se prepara para un salto sin precedentes en el almacenamiento de energía. Según la consultora DNV, la capacidad instalada de baterías podría multiplicarse por diez en los próximos dieciocho meses, pasando de los actuales 260 megavatios a más de 2,6 gigavatios. Este crecimiento acelerado responde a la necesidad de equilibrar una red eléctrica cada vez más dependiente de fuentes renovables intermitentes, como la solar y la eólica, cuyas fluctuaciones dificultan el suministro constante.
El informe Global Energy Transition Outlook 2025 de DNV señala que solo el 6,6 % de las plantas solares del mundo cuenta con sistemas de almacenamiento. En Europa, la Comisión Europea ya ha puesto en marcha programas para fomentar la flexibilidad de la red, pues el almacenamiento no solo permite cargar baterías cuando la energía es abundante y barata, sino también descargarla en periodos de alta demanda, reduciendo así la volatilidad de los precios.
En el contexto español, la Agencia Internacional de la Energía estima que la capacidad de baterías deberá crecer 35 veces a nivel global para 2030. En el continente, la meta es quintuplicar la capacidad en apenas cinco años. Las proyecciones de DNV indican que, a mediados de la década, la mitad de las nuevas plantas fotovoltaicas incorporarán algún tipo de almacenamiento, lo que transformará la manera en que se gestiona la energía.
Los datos publicados por El Español revelan que, para agosto de 2026, ya existían 10,3 GW de proyectos de baterías con horizonte hasta 2029, de los cuales 6,4 GW cuentan con expediente en el Boletín Oficial del Estado. Esa cifra es comparable a los 7,1 GW de potencia nuclear instalados en el país, aunque la naturaleza de la potencia es distinta: las baterías indican la capacidad de carga y descarga, mientras que la nuclear genera energía de forma continua.
Pablo Martínez, Country Manager de Modo Energy, asegura que los promotores fotovoltaicos están apostando cada vez más por la hibridación de parques con almacenamiento. La empresa prevé que la capacidad instalada alcance los 2,6 GW en 18 meses, lo que convertiría al almacenamiento de baterías de una tecnología marginal a un pilar esencial para la estabilidad de la red eléctrica.
Sin embargo, la rentabilidad sigue siendo el principal desafío. Las baterías requieren inversiones elevadas y dependen de mercados de energía con precios volátiles. La competencia por oportunidades de descarga puede reducir márgenes, dificultando el acceso a financiamiento. El sector deberá diseñar nuevos modelos de negocio que garanticen ingresos estables para consolidar este ambicioso plan.
Si se logra este objetivo, España no solo avanzará en su transición energética, sino que también sentará un precedente para otras naciones que buscan integrar renovables de forma segura y económica, asegurando un suministro eléctrico fiable en una era de creciente electrificación.
Fuente: xataka