Estados Unidos confirmó oficialmente que ha puesto en órbita un arma espacial, marcando la primera admisión pública de capacidades ofensivas en el entorno orbital. El anuncio lo realizó el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, durante la Conferencia sobre Aire, Espacio y Ciberseguridad, señalando que el sistema es necesario para proteger a las fuerzas estadounidenses ante posibles acciones hostiles de adversarios.
Meink no ofreció detalles técnicos ni la fecha exacta del lanzamiento, pero subrayó que la iniciativa responde a “amenazas en constante evolución”. La declaración se produce en medio de una creciente preocupación por la militarización del espacio, impulsada por los programas rusos y chinos que buscan interferir o destruir satélites estadounidenses en un hipotético conflicto.
China reaccionó al día siguiente, advirtiendo contra una “carrera armamentista” en el espacio y pidiendo a EE.UU. que detenga la expansión de sus capacidades militares orbitales. Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino calificó la medida como una escalada que podría desestabilizar la seguridad global.
Las autoridades estadounidenses describieron el arma como parte del “control espacial”, que incluye tanto medios cinéticos como no cinéticos para disputar el dominio orbital. Un portavoz de la Fuerza Espacial afirmó que estas capacidades pueden usarse ofensiva y defensivamente bajo la dirección de los mandos en combate, aunque no precisó si se trata de guerra electrónica, interferencia de radio o alguna forma de vehículo de destrucción cinética.
Expertos internacionales señalan que la información disponible es escasa y que la naturaleza del sistema sigue siendo especulativa. Bleddyn Bowen, del Royal United Services Institute, sugirió que podría tratarse de una plataforma de interferencia de comunicaciones, capaz de inutilizar satélites al cortar sus enlaces de radio. También planteó la posibilidad de un satélite de inspección y captura, similar a la capacidad de remolque espacial que China ha demostrado en pruebas recientes.
La rivalidad espacial se intensifica desde la creación de la Fuerza Espacial de EE.UU. en 2019 y la emisión de una orden ejecutiva que la posiciona como fuerza de ataque, además de defensa. Rusia y China, por su parte, han desarrollado sistemas anti‑satélite (ASAT) y maniobras de proximidad que podrían convertir satélites en objetivos o incluso en armas cazadoras. La presencia de un arma orbital estadounidense añade una nueva capa a este complejo tablero de poder, cuyo desenlace aún es incierto.
En el contexto internacional, el tratado de 1967 que prohíbe armas de destrucción masiva en órbita sigue vigente, pero las grandes potencias continúan explorando tecnologías que eludirían sus restricciones. La confirmación estadounidense podría acelerar una carrera armamentista que, según advertencias chinas, pone en riesgo la estabilidad del entorno espacial y la seguridad de las comunicaciones globales.
Fuente: Bbc