Loreen Willenberg, una diseñadora de paisajes de 71 años de Sacramento, fue diagnosticada con VIH en 1992. A diferencia de la mayoría de los pacientes, el virus nunca avanzó a SIDA ni requirió tratamiento antirretroviral. Durante más de tres décadas vivió una vida normal, lo que la convirtió en una de las llamadas “controladoras de élite”, un grupo que representa apenas el 0,5 % de los infectados y que mantiene el virus bajo control sin fármacos.
En 2022, a Willenberg se le diagnosticó cáncer de pulmón en estadio IV con metástasis cerebral. Tras cirugía y quimioterapia, su sistema inmunitario quedó temporalmente debilitado, una condición que normalmente permitiría al VIH reactivarse. Sin embargo, los investigadores que analizaron sus células no encontraron rastros detectables del virus, lo que llevó a la profesora Xu Yu, del Instituto Ragon y Harvard, a declarar que la mujer probablemente había erradicado el VIH por completo.
La noticia generó expectación y tristeza a la vez: pocos meses después, en abril de 2026, Willenberg falleció a causa del cáncer. Su caso, sin embargo, dejó una evidencia clara de que el cuerpo humano, bajo circunstancias excepcionales, puede eliminar un virus que ha sido considerado incurable durante décadas. Los científicos creen que estudiar su biología podría revelar mecanismos útiles para desarrollar una cura funcional para los 40,8 millones de personas que viven con VIH en el mundo.
Los estudios apuntan a dos componentes clave del sistema inmunitario de los controladores de élite: las células T CD8+ “turboalimentadas” y las células asesinas naturales (NK) altamente activas. Estas últimas, según la investigadora sudafricana Christina Thobakgale, presentan marcadores de alerta como CD69 y podrían patrullar tejidos profundos donde el VIH suele esconderse, como intestinos y ganglios linfáticos. Además, investigaciones recientes sugieren que el virus queda confinado en “desiertos genéticos”, regiones del ADN donde no puede replicarse ni causar daño.
Otro caso notable es el de una mujer argentina, apodada “Esperanza”, que también parece haber superado el VIH sin terapia. La prevalencia mayor de controladoras de élite entre mujeres ha llamado la atención sobre la necesidad de incluir más participantes femeninos en ensayos de cura, ya que su sistema inmunitario innato parece ofrecer ventajas naturales contra el virus.
El legado de Willenberg y de otros controladores de élite alimenta la esperanza de que, combinando la genética única de estos individuos con nuevas terapias inmunológicas, se pueda diseñar una vacuna o tratamiento que reproduzca su capacidad de contener y eventualmente erradicar el VIH. Mientras la ciencia avanza, la historia de Loreen sigue siendo un faro de optimismo para la comunidad global afectada por la enfermedad.
Fuente: Bbc