Un grupo armado lanzó alrededor de veinte drones cargados con explosivos contra una guarnición militar en Ocaña, municipio del departamento de Norte de Santander, en la zona del Catatumbo, el pasado viernes 4 de septiembre. El ataque dejó al menos dos soldados fallecidos y cinco más con heridas de diversa gravedad, según informó el Ministerio de Defensa. Las autoridades confirmaron que los drones, controlados a distancia, impactaron cerca de los cuarteles, provocando explosiones que resonaron en los alrededores y generaron pánico entre la población civil.
El presidente Abelardo de la Espriella, quien lleva casi un mes en el cargo y ha intensificado la ofensiva contra los grupos ilegales, responsabilizó de inmediato al Ejército de Liberación Nacional (ELN). En su cuenta de X, el mandatario advirtió que cualquier agresión contra policías o militares será respondida con la “total fuerza legítima del Estado”. De la Espriella ha reforzado su discurso con la presencia de figuras internacionales, como el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, quien visitará Barranquilla la próxima semana para evaluar la situación de seguridad en la región.
Fuentes del ejército que operan en el Catatumbo confirmaron que los drones fueron preparados con explosivos de alto poder y que su uso marca una escalada en la capacidad tecnológica de los grupos insurgentes. Este tipo de armas, antes reservadas a conflictos más avanzados, permite atacar objetivos fijos sin exponer a combatientes a fuego directo, complicando la respuesta de las fuerzas armadas.
Ante el ataque, el alcalde de Ocaña decretó un toque de queda nocturno y solicitó el apoyo de la Policía Nacional para garantizar la seguridad de los ciudadanos. Videos difundidos en redes sociales muestran a estudiantes universitarios refugiados en aulas, temblando mientras se escuchan explosiones de fondo. La comunidad educativa expresó su temor y pidió mayor protección por parte del Estado.
El presidente De la Espriella, alineado con la política de su predecesor y respaldado por el ex presidente estadounidense Donald Trump, ha incorporado a Colombia al “Escudo de las Américas”, una alianza antinarco liderada por Washington. Esta iniciativa busca combatir el narcotráfico y la financiación de grupos armados, aunque críticos advierten que la militarización podría agravar la violencia en zonas vulnerables.
El ataque con drones subraya la creciente sofisticación de los grupos armados en Colombia y plantea desafíos para la estrategia de seguridad nacional. Mientras el gobierno intensifica bombardeos y operativos terrestres, la comunidad internacional observa con cautela el riesgo de una escalada que podría afectar la estabilidad del noreste colombiano y la seguridad de sus habitantes.
Fuente: Dw