La Cartuja de Sevilla, emblemática fábrica de loza que cerró sus puertas en julio de 2025, logró evitar la liquidación definitiva tras una inesperada compra impulsada por una empresaria chilena y la ayuda de la inteligencia artificial. La compañía, que durante casi dos siglos produjo millones de piezas y empleó a más de mil trabajadores, había quedado sin plantilla, con la luz apagada y encaminada a la disolución total. Sin embargo, el hallazgo de una taza en un hotel de Jerez de la Frontera despertó el interés de Gabriela y Paola Luksic, herederas de la familia más rica de Chile, quienes consultaron a ChatGPT para conocer el proceso artesanal de la marca y descubrieron que estaba en proceso de liquidación.
Con esa información, las hermanas volaron a Sevilla, se asociaron con una refinería de Huelva y adquirieron La Cartuja por 225,000 euros, asumiendo además deudas que elevaron el coste total a cerca de dos millones de euros. La operación se realizó bajo la figura de la Ley Concursal, que permite transferir una unidad productiva en marcha a un comprador que asuma el pasivo, evitando despidos masivos. Gracias a este mecanismo, 30 de los 36 empleados lograron conservar sus puestos, mientras los Luksic se quedaron con el 80% de la empresa y los socios locales con el 20% restante.
Fundada en 1841 por el inglés Charles Pickman, La Cartuja surgió tras la desamortización de Mendizábal, que puso a disposición del sector privado los bienes eclesiásticos. Sus característicos hornos en forma de botella, situados junto al Guadalquivir, se convirtieron en símbolo de la vajilla burguesa española, famosa por sus motivos florales y la famosa gama “rosa 202”. Los años 80 y 90 trajeron problemas: la expropiación del imperio Rumasa, litigios con la Seguridad Social y la crisis energética agravaron la situación, culminando en un concurso de acreedores que se prolongó hasta 2025.
El rescate no incluyó subvenciones públicas, sino la venta de la unidad productiva completa. La primera hornada bajo la nueva gestión se realizó en mayo de 2026, reintroduciendo los modelos icónicos rosa, negro y azul Ceilán, además de doce diseños nuevos, como “Geórgica” firmado por la ilustradora Carmen García Huerta. La empresa planea cuadruplicar su producción para finales de 2027, manteniendo canales de venta en grandes almacenes, comercio local, hostelería y comercio electrónico.
Este caso se suma a otras historias de renacimiento en la industria cerámica, como la cooperativa de Duralex en Francia o la recuperación de Sargadelos en Galicia. La Cartuja Pickman ahora busca consolidarse como referente nacional e internacional, impulsada por la visión de sus nuevos dueños y el apoyo de la tradición artesanal que ha perdurado más de 180 años.
Los trabajadores, como Andrés Vázquez, de 21 años de antigüedad, expresan su sorpresa y optimismo: “Nunca antes había visto a un empresario querer ampliar la plantilla; ya están entrando cinco personas nuevas”. La loza, que había estado a punto de desaparecer, vuelve a las mesas mexicanas y españolas, recordándonos que la combinación de historia, tecnología y pasión empresarial puede revivir incluso los tesoros más antiguos.
Fuente: xataka