Durante décadas la imagen de un incendio forestal en España se limitó a llamas devorando extensas masas de pino en laderas montañosas. Hoy esa visión ha cambiado: el fuego ya no se detiene en los bosques, sino que avanza sobre antiguos campos de cultivo que antes servían como barrera natural. El fenómeno está ligado al éxodo rural y al abandono de la llamada “España vaciada”, donde cada vez menos agricultores y ganaderos gestionan sus tierras.
El paisaje tradicional español era un mosaico de parcelas cultivadas, pastizales y bosques. Esa fragmentación actuaba como un cortafuegos natural; cuando las llamas alcanzaban un terreno arado o un pastizal raso, perdían vigor y los bomberos ganaban tiempo para contenerlas. Sin embargo, la despoblación ha dejado vastas áreas sin manejo, permitiendo que la vegetación se acumule y se convierta en combustible continuo.
Un estudio reciente que simuló miles de incendios en la comarca del Mararranya reveló que la agricultura activa reduce en un 75 % la exposición de edificios a la llama. En contraste, el abandono de tierras multiplica por siete el número de estructuras en riesgo alto y triplica el tamaño potencial del incendio. Otros investigadores han llegado a conclusiones similares: la falta de actividad agro‑pastoral favorece la acumulación de biomasa y la conexión de franjas vegetales, creando “bombas de combustible”.
La ganadería extensiva también desempeña un papel crucial. El pastoreo de cabras y rebaños mixtos actúa como una desbrozadora de precisión, limitando la densidad del matorral. Una revisión publicada en la revista *Sustainability* destaca que la desaparición de estos pastores es uno de los motores principales del aumento de incendios extremos, al eliminar el control natural del estrato arbustivo.
A esto se suma la histórica repoblación masiva de pinos, combinada con el abandono rural, que ha generado extensas áreas de alta densidad forestal. Organizaciones como el plan INFOCA de Andalucía y Greenpeace España ya señalan que la pérdida del mosaico agrario y la acumulación de biomasa son factores clave de la vulnerabilidad española ante incendios cada vez más severos.
La solución no reside únicamente en la tecnología de extinción, sino en revitalizar el territorio rural. Incentivar la agricultura activa, proteger la ganadería extensiva y promover la repoblación sostenible son medidas esenciales para romper el ciclo de combustible acumulado y reducir la frecuencia de incendios catastróficos.
Fuente: xataka