Eric Pardee compró en 2021 una tablet Amazon Fire HD 10 por 114 dólares y la convirtió en el panel táctil permanente de su sistema domótico Home Assistant. Con el tiempo descubrió que servicios internos de Amazon podían reiniciar o apagar el dispositivo sin su permiso, y que la única forma de desactivar esas funciones era obteniendo acceso root, algo que hasta entonces no tenía método público para la Fire HD 10.
Ante la imposibilidad de rootear la tableta por medios tradicionales, Pardee decidió preguntar a una inteligencia artificial. En agosto abrió una sesión en OpenCode, una plataforma que permite trabajar con diferentes modelos de IA, y contrató la API del recién lanzado Kimi K3. Le solicitó simplemente: “Máquina, ayúdame a rootear mi dispositivo”. Kimi aceptó sin objeciones y explicó que en EE. UU. existían excepciones legales para realizar “jailbreaks” en tablets y móviles.
Kimi revisó vulnerabilidades conocidas en Fire OS y encontró que la CVE‑2022‑38181 había sido parcheada solo en versiones 7.3.2.9. La tablet de Pardee no estaba actualizada, lo que abrió una vía potencial. En menos de treinta horas el modelo generó un conjunto de herramientas para explotar esa falla, y la sesión costó al usuario 164,25 dólares, una cifra comparable al precio de una nueva tableta.
El método inicial falló; Kimi realizó más de 500 intentos sin éxito. Pardee entonces probó con otros modelos: Fable 5 fue bloqueado por sus salvaguardas, Claude 4.8 le ayudó a inspeccionar el sistema pero se negó a continuar, y GLM‑5.2 se quedó corto. Finalmente, recurrió a GLM‑5.3, la versión más reciente del modelo de ciberseguridad de la serie.
A las 08:26 AM del 16 de agosto GLM‑5.3 detectó que las herramientas de Kimi no funcionaban y, tras depurar el exploit, logró desactivar SELinux y obtener privilegios de root. Pardee pudo eliminar cerca de un centenar de paquetes de Amazon, incluyendo los que controlaban el apagado inesperado, y tomó el control total del firmware.
El proceso muestra cómo varios modelos de IA se complementaron: uno investigó el kernel, otro revisó el exploit y un tercero lo depuró hasta hacerlo operativo. Pardee se autodenomina “prompt kiddie”, una variante moderna del clásico “script kiddie”: no escribió el código malicioso, pero dirigió a las IAs con prompts precisos y persistentes. El costo total de los servicios de IA ascendió a 266,15 dólares, más del doble del precio original de la tablet, pero le permitió lograr lo que antes requería conocimientos avanzados de ciberseguridad. La historia subraya una tendencia inquietante: la IA está descubriendo vulnerabilidades a una velocidad que supera la capacidad de las empresas para parchearlas.
Fuente: xataka