En un esfuerzo por proteger sus sistemas de defensa aérea de la creciente amenaza de los drones, Taiwán ha comenzado a cubrir algunos de sus cañones antiaéreos con redes de pesca. Esta medida puede parecer extraña, pero tiene un propósito claro: impedir que los drones baratos y fáciles de adquirir puedan dañar o destruir los sistemas de defensa. Los drones FPV, capaces de lanzarse directamente sobre un objetivo, han cambiado la forma en que se libran las guerras modernas, y los ejércitos deben adaptarse a esta nueva realidad. El sistema suizo Skyguard, utilizado por Taiwán, es una pieza clave de su defensa aérea, y protegerlo se ha convertido en una prioridad. Las redes de pesca pueden parecer una solución improvisada, pero responden a una lógica clara: un dron FPV necesita impactar directamente sobre su objetivo para destruirlo, y una estructura metálica cubierta con red puede hacer que detone antes de alcanzar el radar o los mecanismos del cañón. Esta filosofía ya se ha visto en Ucrania, donde se han utilizado jaulas y redes para proteger carreteras, blindados y piezas de artillería de la amenaza de los drones. La fuerza aérea taiwanesa también ha estado entrenándose para dispersar sus aviones entre aeródromos secundarios y autopistas, y el ejército ha estado escondiendo carros de combate y vehículos entre edificios o disfrazándolos como maquinaria civil. La idea es sencilla: si China logra localizar y destruir los sistemas más valiosos durante las primeras horas de un ataque, la capacidad de resistencia de la isla se reduciría de forma drástica. La defensa aérea está entrando en una nueva etapa, en la que la ventaja tecnológica no solo consiste en construir radares más potentes o misiles más rápidos, sino también en impedir que un dron de bajo coste encuentre un punto débil donde estrellarse.
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