Los médicos que asisten a los heridos del terremoto en Venezuela están sufriendo el dolor de ver a niños y adultos graves. El doctor X, un pediatra especializado en emergencias, ha tratado a decenas de niños aplastados por los escombros durante seis días seguidos. Los primeros casos que llegaron a la sala de emergencias pediátrica gritaban y lloraban, pero a medida que pasaban las horas, los casos se volvieron más graves. Los pacientes con las piernas necrosadas o inflamadas por la acumulación de sangre, en riesgo de shock o insuficiencia renal, llegaban inconscientes, sin identificación y sin padres ni familiares. El doctor X asegura que cada niño que llega a sus manos le recuerda a sus nietos o a sus hijos cuando eran pequeños. El doctor R, un médico internista, lamenta las secuelas psicológicas y emocionales en los ancianos. La situación en los hospitales es caótica, con falta de medicamentos y equipo médico. Los voluntarios y organizaciones locales han donado comida, medicamentos y equipo médico para ayudar a los afectados. La Universidad Central de Venezuela ha movilizado a sus estudiantes y profesores para organizar centros de acopio y dotar a los hospitales de lo necesario. La ayuda debe organizarse para atender la siguiente fase: el riesgo de propagación de infecciones. El parte de víctimas más reciente reporta 3.811 muertos, 16.740 heridos, 6.462 personas rescatadas y 17.907 damnificados. Naciones Unidas calcula que hay 50.000 desaparecidos en Venezuela. La situación es crítica y requiere la atención inmediata de la comunidad internacional.
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