La inteligencia artificial ha cambiado la forma en que nos percibimos a nosotros mismos. Los expertos coinciden en que el uso de la IA para evaluar la belleza es un problema que puede generar ansiedad y baja autoestima. Un estudio publicado en el Journal of Consumer Behaviour analizó a casi 800 usuarios y encontró que el uso de filtros de belleza con IA puede generar una caída en la autoestima y un aumento en el rechazo a la imagen corporal actual. Esto se debe a la creación de un ‘yo ideal’ hiperrealista que puede provocar un choque entre la versión algorítmica y el ‘yo real’ cuando se apaga la cámara. La literatura médica ha acuñado un nuevo término clínico: la dismorfia de filtro, que se refiere a la insatisfacción corporal y los trastornos alimentarios causados por la amplificación de ideales irreales por parte de la IA y los filtros. Los grupos más vulnerables son los adolescentes y jóvenes adultos. La IA también se ha convertido en una herramienta de evaluación facial, lo que puede llevar a la internalización de la mirada de la máquina y a una baja autoestima. Un estudio encontró que el 82% de las imágenes generadas por IA carecen de inclusividad cultural, lo que puede imponer ideas de belleza culturalmente restrictivas. La exposición a la ‘belleza digitalmente curada’ puede tener consecuencias en el mundo físico, como la consideración de someterse a cirugía estética. Los expertos coinciden en que el uso de la IA para buscar la belleza racional y tomar decisiones en base a lo que diga la máquina es un problema que debe ser abordado.
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