Clint Eastwood lleva décadas convencido de que el western es una de las pocas cosas que Estados Unidos puede llamar suyas de verdad. La ironía es que fue un rodaje en Almería a las órdenes de un director de Roma lo que revitalizó y actualizó el género. Él estuvo ahí, pero sigue pensando que hay pocas cosas tan americanas como el westen.
Arte original. En declaraciones recientes , Eastwood afirmó que “sinceramente, Estados Unidos no es como Europa. Aquí no hay muchas formas de arte originales. La mayoría derivan de formas de arte europeas. Aparte del western, el jazz o el blues, eso es todo lo que es realmente original”. Y no hay nada de desdén en sus palabras, aunque lo parezca: Eastwood más bien parece reivindicar la naturaleza genuinamente norteamericana del western, aunque la evolución del género y la propia filmografía del actor hayan dejado claro que, a estas alturas, es uno de los géneros más bastardos de la historia del cine.
Western, jazz y blues. De hecho, podríamos detenernos en la muy precisa enumeración de formas artísticas que Eastwood considera netamente norteamericanas. El blues surge del sur profundo y de la experiencia del esclavismo. El jazz, de Nueva Orleans, en un cruce entre la herencia africana y la música que los inmigrantes europeos llevaron desde sus países. Finalmente, el western habla de la frontera en perpetuo movimiento, del choque entre la “civilización” europea y lo que ésta encuentra a su paso (principalmente, nativos que se defienden como pueden).
Son tres formas artísticas nacidas de la tensión, el conflicto y el mestizaje, lo que explica mucho de la forma de ser de los habitantes del país. Y sí, son netamente norteamericanas porque las tres están firmemente enraizadas en la historia y filosofía de un país inusualmente joven.
Un americano en Italia. Antes de 1964, Eastwood era un actor de televisión medianamente conocido por la serie ‘Rawhide’. Pero ese año, Sergio Leone lo fichó para ‘Por un puñado de dólares ‘, una coproducción italo-hispano-germana rodada entre los estudios de Cinecittà en Roma y el Parque Natural de Cabo de Gata en Almería. El éxito de la película arrancó la Trilogía del Dólar, completada con ‘La muerte tenía un precio’ y ‘El bueno, el feo y el malo’, que consolidaron a Eastwood como figura internacional del género.
Un personaje nuevo. Eastwood fue algo más que un protagonista para la trilogía: era un nuevo tipo de pistolero: los cowboys de John Ford y John Wayne eran héroes morales, protegían a los débiles y servían a un código de honor. El Hombre Sin Nombre de la Trilogía del Dólar actúa por dinero, cambia de bando sin problemas, y su brújula moral es árida y a menudo indescifrable, como el paisaje de Almería.
Eastwood en América. El actor entendió esa visión y cuando volvió a su país, la moduló a su gusto, con westerns que no son un homenaje nostálgico a los clásicos del género, sino una disección que tiene muy en cuenta lo que Leone y sus muchos imitadores aportaron al western. ‘Infierno de cobardes’, ‘El jinete pálido’ o, sobre todo, ‘Sin perdón’ examinan la violencia del Oeste sin glamour ni redención. “Matar no está bien y no es romántico”, llegó a decir .
El reconocimiento. Conviene recordar que ‘Sin perdón’ ganó el Oscar a Mejor película y Mejor director en 1993. Antes de ella, solo lo habían conseguido ‘Cimarrón’ en 1931 y ‘Bailando con lobos’ en 1990. Es decir, para que la industria del cine reconociera al fin la importancia del género, éste tuvo que emprender un largo viaje de reinvención y auto-observación en el que la visión europea tuvo mucho que ver.
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