El Sahel es la franja de tierra que separa el Sahara y las sabanas africanas, pero cada vez más es más desierto que otra cosa. La UNCCD de las Naciones Unidas ya ha advertido que el Sahel es una de las regiones de África más vulnerables a la desertificación y lo que conlleva: suelos tan endurecidos que impiden la penetración del agua y que las plantas ya no arraiguen. Si no es posible plantar y las condiciones se endurecen, la desertificación conlleva la migración forzada de quien viva allí.
La respuesta clásica para tratar de frenar la desertificación ha sido plantar árboles, pero es un método costoso y que no siempre funciona, así que alguien ha propuesto un experimento diferente: no es introducir vegetación sino devolver un animal cuyo comportamiento es capaz de cambiar la estructura del suelo.
Tortugas para f renar el desierto. En 2021 un equipo de investigación soltó 500 tortugas africanas de espuelas precisamente en la frontera sur del Sahara. No hicieron nada especial, solo dejarles hacer lo suyo. Cinco años después, imágenes satelitales han constatado que donde antes solo había arena, ahora hay manchas verdes de vegetación.
¿Y qué hacen las tortugas africanas? Pues excavar. Esta especie, cuyo hábitat natural es precisamente Sahel , construye madrigueras de hasta 15 metros de longitud para protegerse del calor y el frío de forma instintiva. Esa labor de construcción rompe la costra del suelo, lo que permite que pase el agua y, en definitiva, crea condiciones más favorables para que las semillas puedan germinar.
Por qué es importante . Porque la tortuga africana de espuelas es una ingeniera del ecosistema : una especie que con su modificación del entorno beneficia a otras especies. Como la UNCCD ya ha señalado , la restauración de la tierra es una de las mejores soluciones para la desertificación y la tortuga lo hace sola, sin necesidad de maquinaria. Para las comunidades locales excavar en zonas semidesérticas para tener hoyos que retengan el agua es una ardua tarea que la tortuga hace de forma nativa durante toda su vida.
Paradójicamente, la tortuga de espolones africana es oriunda de allí, pero cada vez es más difícil de encontrar porque esta amenazada. Que esta tortuga desaparezca del Sahel es una mala noticia para la biodiversidad, pero también para el terreno: sin su valiosa labor de excavación la superficie se endurece, el agua se escurre y en definitiva, las semillas no agarran.
Contexto . El suelo del Sahel se ha degradado tanto en las últimas décadas que ya en 1977 se organizó en Nairobi , Kenia, la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Desertificación. Aunque sea una de las zonas más vulnerables, es uno de los grandes problemas estructurales de África: dos tercios del continente está clasificado como desiertos o tierras áridas y se estima que dos tercios del suelo africano ya están degradados en algún grado.
Pero para la tortuga de espolones africana tampoco ha sido un camino de rosas: lleva bajo la lupa de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres desde el año 2000, con restricciones para protegerla y reintroducción en el norte y oeste de Ferlo y Senegal: en 2017 el African Chelonian Institute ya hizo una suelta documentada de 20 individuos. También existen colonias en cautividad en varios países de África y fuera de ella. No obstante, la según la Lista Roja de la UICN la población de la especie sigue disminuyendo por la pérdida de hábitat, la explotación para huevos y carne, el comercio de mascotas y los efectos del cambio climático como la desertificación.
En detalle . El mecanismo ecológico consiste en que la excavación de la tortuga rompe la costra endurecida del suelo y sus túneles permiten que el agua de lluvia penetre en capas más profundas, en lugar de evaporarse rápidamente. Como resultado, mejora la porosidad, disminuye la temperatura superficial y favorece la disponibilidad de nutrientes.
Como consecuencia, el terreno gana capacidad de retención hídrica y la humedad se mantiene más tiempo. Semillas que antes no podían germinar encuentran las condiciones mínimas para desarrollarse. Además, insectos y microorganismos colonizan esos espacios excavados, lo que activa la cadena ecológica y acaba atrayendo aves y pequeños vertebrados. No es una exuberante jungla, pero sí los brotes verdes suficientes para frenar la desertificación y recuperar biodiversidad.
Sí, pero. La reintroducción de las tortugas no hace milagros: es solo el punto de partida. Para que el proceso avance por buen camino hacen falta otros requisitos, como disponibilidad de lluvia y una política de gestión sostenible y estable. De poco sirve introducirlas si después se las cazan, algo nada descabellado dado que la especie ya está amenazada. Por otro lado, sabemos que su excavación mejora el suelo, pero podría estar haciendo algo más : dispersar semillas por el Sahel, de modo que parte de esos nuevos brotes verdes sean también obra suya sin que aún lo sepamos.
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